| Palabras de despedida Mag. Magda Pereira Villalobos | ||
| Corte Plena | ||
Mis primeras palabras en esta tarde, son de infinito agradecimiento a Dios, por la bendición de darme la oportunidad de servir a mi Patria desde este alto cargo, a quienes depositaron en mí su confianza, para poner en mis manos la enorme responsabilidad, no solo la función de Gobierno Judicial, sino de Administrar Justicia Penal en la Sala Tercera de esta Corte, donde encontré una verdadera familia, en estos últimos diez años, sino en todos y cada uno de los puestos que, durante estos cuarenta años de servicio, he tenido la dicha de ocupar. En todos solo buenas enseñanzas tuve a lo largo de mi vida laboral. A mi madre, quien asumió la responsabilidad de sacar adelante la familia, ante la repentina muerte de papá y, me enseño a nunca claudicar en nuestras metas, a mi esposo Daniel, mi hija Gabriela y mis adorados nietos y bisnieta, a toda mi familia, por el apoyo y la comprensión en tantos momentos de ausencia física, ellos constituyen mi razón de ser, después de Dios. A mis guías espirituales, Padre Sergio Valverde y Ana Victoria Mora, que constituyeron soporte absoluto en momentos difíciles y, me enseñaron a tener siempre muy presente, quién es el que me tuvo aquí, y con quién debía primero consultar mis decisiones. A mi casi hermana Teresita, que aún jubilada, continúo conmigo, compartiendo todas las semanas un almuerzo y sirvió en todo momento de apoyo y escucha en tantos años. A todos los servidores y servidoras judiciales a lo largo y ancho del país, por aportar con su esfuerzo, a tener un Poder Judicial consolidado, como pilar de la Democracia costarricense. A todos y todas ustedes compañeros y compañeras de Corte Plena, con quienes compartí mis funciones de Gobierno Judicial. Gracias, muchas gracias por las palabras expresadas, el honor y la gloria corresponden a Dios. Hoy me toca decirles hasta luego y deseo manifestarles que guardan un lugar muy preciado en mi corazón. De todos y todas llevaré conmigo, el cariño y la comprensión que me han brindado. A ustedes mi imperecedero agradecimiento por contribuir en todo aquello que nos ha ayudado a forjar un mejor Poder Judicial, aún en medio de las incomprensiones propias de la vida. Me retiro con la enorme satisfacción de saber que, siempre defendí con vehemencia aquello que, creí era la mejor solución a los múltiples desafíos que, día con día, nos presenta la labor de Gobierno Judicial y de Administración de Justicia. Siempre escuché con atención las propuestas e intervenciones de todos y cada uno de ustedes y, aún cuando discrepé en algunas ocasiones, traté de ser respetuosa y aceptar con cariño la voluntad de la mayoría, como debe ser en la verdadera democracia. Aprendí muchísimo, pero sobre todo, recojo la enseñanza que quiero me acompañe siempre, hasta el fin de mi vida, “EL AMOR TODO LO PUEDE”, pero no entendido en la concepción del mundo, sino en la inmensa enseñanza del MAESTRO, con mayúscula; si laboramos, con verdadero amor en todas nuestras actuaciones, con respeto a los demás, sin envidias ni resentimientos, convenciendo o dejándonos convencer con razonamientos, que nunca tengan el afán de ofender, teniendo siempre claro que, antes del poder que ostentamos, somos depositarios temporales de una enorme responsabilidad; sin vanaglorias, ni deseos de reconocimientos, muchas veces inmerecidos, porque invisibilizamos el trabajo de muchas otras personas que, también han puesto su grano de arena para hacer que las cosas sucedan, no habrá meta, por difícil que parezca, que no se pueda alcanzar. Solo podemos dar aquello que poseemos y, mal podríamos creer que se puede dar un servicio de calidad, si no damos el ejemplo con nuestra atención al usuario interno, al que muchas veces, con el simple, pero amable saludo, podemos motivar a tener un día provechoso y rendir con la ilusión de un mañana mejor. Les invito a visitar los diferentes despachos judiciales, a continuar con las obras de solidaridad, a mostrar esa verdadera identificación con las claves más vulnerables. Pido a Dios les ilumine en su funciones, les brinde su protección, en unión de sus familias y les permita amalgamarse como un solo equipo, para que puedan así enfrentar, día a día, la difícil labor que queda en sus manos. Regreso a los míos con la inmensa ilusión de compartir muchas cosas buenas y realizar proyectos de vida que, he pospuesto para cumplir aquí mis obligaciones, con recuerdos imperecederos y con un corazón que, guarda un gran amor por este Poder de la República y por todos y todas ustedes. Mil gracias. Han transcurrido cuatro largas décadas, han sido incontables los compañeros y compañeras con quienes he laborado, algunos han pasado a mi vida como nuevos hermanos y hermanas y, solo puedo decirles que, aquello de formar un equipo, ha sido el norte de mi diario quehacer; ahí donde encontré un eslabón débil, traté de apoyar; muchos y muchas de las personas que hoy son profesionales prestigiosos de esta institución, fueron, como decimos cotidianamente “empujados” con insistencia por mí, para que se superaran y concluyeran sus carreras. Esos y esas son regalos de vida, porque con ello se beneficiaron muchas familias judiciales, gusté y disfruté de compartir alimentos, sonrisas, tristezas y, muchas dificultades que enfrentan nuestros servidores y servidoras; esa es la corona más preciada que llevaré conmigo y, puedo decirles, con absoluta certeza; LA GESTIÓN HUMANA, por la que siempre me esforcé, es y seguirá siendo esencial para el logro de las metas en toda institución. Ahí donde cada uno y cada una de ustedes, puedan motivar al ser humano, está el éxito de la gestión. |
Lic. Eduardo Castellón Ruiz
Lic. Sergio Bonilla Bastos
Licda. Andrea Marín Mena
Licda. Teresita Arana Cabalceta
Licda. Marcela Fernández Chinchilla
Licda. Melania Chacón Chaves
Licda. Sandra Castro Mora
Lic. César González Granados
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