| El paso de la huella digital a la identidad digital | |
Lic. César González Granados Si usted tiene un teléfono celular en el bolsillo, es muy probable que no una, sino varias empresas ya sepan cuáles son sus gustos, qué lugares frecuenta, qué música escucha, qué comidas prefiere, dónde estuvo ayer, qué camino usa más para llegar a su casa, y la hora aproximada en que sale de la misma e inicia su rutina diaria. También es probable que alguna de esas empresas sepa si es usted una persona saludable o no, cuánto tiempo le dedica al ejercicio, cuál es su rendimiento físico y cuál su ingreso promedio y escolaridad. No se asuste. Sé que usted pensará que no dio permiso para nada de eso, y que tal vez en este momento se sienta como si fuera víctima del ultraje de un super espía. Sin embargo, permítame aclararle: usted sí dio su permiso. Pero no lo recuerda porque la idea es precisamente que no lo haga. Hacen data mining con usted El asunto funciona así: cuando usted instala una aplicación para una red social, o cuando configura su teléfono, debe aceptar que está de acuerdo con las políticas de privacidad de varias compañías. Apple, por ejemplo. Y Facebook. Y Google. Y twitter. Y Samsung. A usted le interesa usar su teléfono lo más pronto posible, descubrir de qué es capaz, y entonces, acepta políticas de uso y da clicks hasta que se configura correctamente. Si su entorno es integrado en la nube, usted descubrirá con agrado que sus preferencias de navegación aparecen en su nuevo teléfono, que muchas de las aplicaciones que tenían en su antigua terminal comienzan a descargarse, que sus contactos aparecen de la nada, e incluso que sus fondos de pantalla, fotos, y preferencias de uso se cargan “solas”. Eso no sucede por arte de magia. Sucede porque la empresa conoce todo eso que se autoconfigura. Con las redes sociales pasan cosas similares. Los contratos de uso de las redes sociales están hechos para que sean lo más despachadores posibles: grandes cantidades de folios con letras pequeñas y términos ambigüos que muy pocas personas leen porque vamos, les interesa mucho más enterarse qué están haciendo sus amigos, y contarle a todos aquello por lo que los usuarios tanto se emocionan. Da aceptar y listo. Un usuario promedio no considera que los dispositivos modernos tienen geolocalización. No anda pensando en la posibilidad de que los lugares en donde ha estado queden registrados en algún lugar de la red. Tampoco ha pensado en que los micrófonos de sus dispositivos estén siempre encendidos, escuchándolo todo. Si no lo cree, diga cerca de su móvil “Ok google”... u “Ok Siri”. El usuario promedio se sorprende cuando de repente ve en Facebook anuncios de cosas que estuvo buscando en Amazon, pero rara vez se pregunta por qué pasa eso. Aceptémoslo: hace muy poco tiempo se hablaba de huella digital para referirse a los posibles registros de su actividad en el ciberespacio. Pero ahora, ya el término no es adecuado: lo que queda de usted, en línea , es toda una identidad. Los registros de sus recuerdos, sus fotografías. Sus preferencias de lectura, sus números de tarjeta de crédito (ergo, sus compras con ellas). Las empresas tienen suficientes datos suyos como para mapear detalladamente su comportamiento. Y hay poco que se pueda hacer al respecto: usted mismo aceptó los términos. Dos enfoques posibles ante esta nueva realidad El primero de ellos es la paranoia: sentir que el Gran Hermano nos vigila. Vivir escondiéndonos. Convertirnos en hermitaños digitales. Ser antisistema. El segundo: aceptar que usted cedió sus datos, y tratar de sacar el máximo provecho de las ventajas que esto trae. Porque trae ventajas. Cientos de ellas. Significa que usted nunca más perderá una foto o un documento. Significa que si su celular se daña, toda su información estará segura. Significa que usted recibirá información sobre cosas que realmente le interesan. Significa que en un futuro muy cercano, cuando usted ingrese a una tienda le llevarán exactamente al lugar donde está lo que busca, y que para pagar no temdrá que sacar la billetera. Todo aquello que usted adquiera y que esté conectado (a eso vamos, a conectar hasta los tennis a la red) sabrá al menos un poco de sus preferencias y su identidad digital, y con base en eso le podrían brindar una experiencia verdaderamente única y personalizada. Pero claro, en esta vida digital en donde hasta lo gratis tiene un precio, la moneda de cambio que se usa son sus datos. Recuérdelo bien. |
Lic. Eduardo Castellón Ruiz
Lic. Sergio Bonilla Bastos
Licda. Andrea Marín Mena
Licda. Teresita Arana Cabalceta
Licda. Melania Chacón Chaves
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Lic. César González Granados
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