SEMINARIO CÁTEDRA ALESSANDRO BARATTA
Dr. Fernando Cruz Castro
Magistrado Sala Constitucional

Es un honor inaugurar este seminario en representación de la señora Presidenta de la Corte, especialmente que en esta ocasión se rinde homenaje póstumo a quien fuera miembro fundador de esta Cátedra y participante durante tantos años: el Dr. Luis Paulino Mora Mora, Presidente de esta Corte durante 14 años.

El reconocimiento es muy merecido porque cuando hablamos de don Luis Paulino Mora, estamos hablando sin duda alguna, del gran reformador de la justicia de los últimos 50 años.

Año a año participó don Luis en esta actividad, identificado con sus postulados humanistas. No puede ser más propicio entonces que entre los temas que se tratan en esta ocasión, esté precisamente el de “una justicia democrática”, tema al cual diría que dedicó gran parte de su Presidencia.

Su lucha constante fue por una justicia que según sus propias palabras: fuera accesible, “guiada por el respeto a la dignidad del hombre, ciega a las diferencias odiosas. Una que “tenga claro que el ser humano es y debe ser el eje central de su actuación. "

En múltiples ocasiones reiteró su compromiso con "una justicia que deje de ver en la forma el fondo y se ocupe de los verdaderos temas sustantivos. Una justicia imparcial para todos sin distingo de raza, sexo o condición; que ampare a los excluidos e incorpore la dimensión ética en su función, y sí, por supuesto, una justicia pronta, cumplida y sin denegación para todos los que necesiten de ella."

La concepción de que la justicia democrática debía girar en función de la persona, no el juez, en su oportunidad, representó un cambio filosófico completo sobre la forma en que se venía conduciendo la justicia hasta entonces, concebida más como un poder en sí mismo que un servicio público. Su visión estaba basada en el reconocimiento de que en la democracia no hay más poder soberano que el que le corresponde al pueblo: cualquier otro poder es delegado y sujeto a rendición de cuentas. Asimismo, que en una democracia, no existe ningún funcionario público, ni Poder que esté exento de control, después de todo, -señalaba-, el pueblo no sólo es el poder soberano, sino el que financia con el pago de sus impuestos nuestro trabajo, y merece una respuesta honesta sobre el destino de sus dineros.

Las consecuencias del cambio ideológico al modelo de justicia que Don Luis Paulino Mora introdujo son muy variadas, así como sus resultados concretos, pero quisiera destacar algunas de ellas por su relevancia:

1.- La primera de ellas es la incorporación abierta y transparente de la sociedad civil al quehacer judicial y la rendición de cuentas por parte del Poder Judicial.

Para él era medular en una justicia democrática la incorporación abierta y transparente de la sociedad civil, a todos los niveles del gobierno (entendido en su sentido amplio), especialmente en el judicial, sobre todo porque, éste se había caracterizado por un autismo o encierro, por un actuar a espaldas de la comunidad, en parte por una peligrosa distorsión del concepto de independencia, y sin duda, por la negativa de tener al ser humano como eje central de actuación.

Por eso creyó firmemente en la utilidad de escuchar a la gente, entender sus necesidades y preocupaciones, oír sus sugerencias. Propició la creación de una Contraloría de Servicios cuando estas eran incipientes en el país, y una justicia abierta a los medios de comunicación colectiva.

Asimismo estimuló –de distintas formas el intercambio de ideas y opiniones con una serie de actores claves de la sociedad, abogados, políticos, empresarios y usuarios en general, para escuchar sus puntos de vista e informar sobre los planes y objetivos de la justicia. Como Presidente visitaba las comunidades y escuchaba pacientemente sus quejas y sugerencias y apoyó intensamente el Programa de Participación Ciudadana en la Justicia que impulsa la Comisión Nacional para el Mejoramiento de la Administración de Justicia.

Desde su concepción, una justicia democrática debía ser de cara al ciudadano y por lo tanto con acceso a información oportuna y con una rendición de cuentas puntual y constante. Para ello promovió la rendición de cuentas ante la Asamblea Legislativa de la liquidación presupuestaria del Poder Judicial, en un acto histórico que simbolizaba no el sometimiento de la justicia a otro Poder de la República, sino el pleno ejercicio del concepto de democracia, en donde el único soberano es el pueblo que merece saber en qué se gastan los recursos que destina a la justicia.

Promovió asimismo la disposición al público de la mayor cantidad de información posible para fiscalización ciudadana, lo que nos valió el reconocimiento del Centro de Estudios de Justicia para las Américas como el Poder Judicial más transparente de América en varias ocasiones.

2. La oralidad y la reforma procesal. Otro tema que estimó vital dentro del esquema de una buena administración de justicia fue la actualización de los instrumentos procesales hacia procesos más celeros y que garanticen un mayor contacto del juez con las partes. A esos efectos fue un convencido de la introducción de la oralidad en todas las materias como estratégica. Durante su gestión, promovió reformas al Código Procesal Penal, General del Proceso, Procesal laboral y Procesal Administrativo entre otras. Para él la reforma procesal era la culminación de un sueño de mucho tiempo por humanizar la justicia y acercar al Juez al ciudadano, -en sus propias palabras- “fuera de formalismos estériles y procesos burocráticos. “

3. El acceso a la justicia. Por otra parte, el tema de la demanda judicial de servicios lo abordó siempre desde una perspectiva coherente con nuestro sistema democrático. La cantidad de casos que se presentan en los despachos judiciales puede abordarse desde varias ópticas que van, desde una limitación de acceso, para lograr una reducción en la solicitud del servicio, hasta el ensayo de distintas técnicas de organización que permitan mejorar los niveles de respuesta, sin detrimento del acceso ciudadano.

Lejos de aceptar la mejora de la eficiencia judicial a costa del acceso, se volcó completamente a buscar el rediseño del despacho judicial para buscar la maximización de la eficiencia, sin disminución de garantías ciudadanas. Amplió los servicios en todo el país, abrió horarios vespertinos y buscó el apoyo presupuestario para que el servicio pudiera crecer al ritmo de las necesidades nacionales. Sólo durante la última década el Poder Judicial duplicó su planilla y hoy tiene oficinas en 15 circuitos judiciales en todo el territorio nacional con un porcentaje de jueces de 25 por cada 100 mil habitantes. El camino que don Luis escogió liderar fue coherente con el de la ideología de un país que apostó por la ley y el respeto al derecho como forma de convivencia pacífica.

También en este campo impulsó las Reglas de Brasilia a nivel Iberoamericano que promueven la orientación del servicio hacia la atención especial de poblaciones en estado de vulnerabilidad, para un mayor acceso, mejora y atención de estas poblaciones y dedicó gran parte de sus esfuerzos a dotar de mayores recursos a las materias sociales en el presupuesto. Puede decirse que hoy en día gracias a su visión y esfuerzos, la justicia es más accesible, abierta y humana, sin duda no sólo orientada a la protección de capitales como lo era antes de la década de los 80’s, sino una más enfocada en el ciudadano de a pie.. Aún nos falta mucho camino por mejorar en este campo, pero sin duda sus aportes en esta área marcan un antes y un después.

3. La lucha por la independencia judicial. A parte de que su carrera de 42 años fue una prueba de su independencia como juez, quiero resaltar que el primer acto de su gobierno fue eliminar el interinazgo que existía en la judicatura que en ese entonces era de un 95%. Por el contrario hoy en día tenemos un 95% de jueces y juezas en propiedad y con todas las garantías de la carrera judicial.

Pero como dicen que las personas se conocen a través de sus acciones más que sus palabras, talvez el que yo esté acá hoy, representa el mejor testimonio de su lucha por la independencia judicial. Su discurso de “La Silla Vacía”, en el contexto que se dio, es indudablemente la demostración más clara de su compromiso con este tema.

Paso a citar algunos extractos de su discurso que es realmente un testimonio de su compromiso con el tema de la independencia judicial:

“Pareciera que cuando se aplica la Constitución y la ley, ello estorba a quienes se ven afectados en sus intereses. Se olvidan que la alternativa de vivir una Constitución de adorno, de papel, es lo que tiene condenados a tantos países a vivir sin dignidad.

El mensaje de esa llamada de atención, en la forma en que se ha hecho, es una clara amenaza a la independencia judicial y a los cimientos de la democracia misma. Se trata de una burda excusa para buscar una línea de pensamiento y actuación complaciente, de que esa mayoría todo lo puede, especialmente callar al disidente, es decir, silenciar la rica diversidad democrática, todo en nombre de una gobernabilidad mal entendida o manipulada.

Es cierto que el Poder Judicial costarricense tiene muchos retos y debilidades que superar, muchos de ellos consecuencia del colapso del estado de bienestar y la incapacidad del Estado para materializar la Constitución Política, es decir de cumplir con el pacto social por medio de políticas públicas. Todo ese malestar, se ha traducido en que ahora las demandas sociales se litigan. Esa judicializaciòn que tanto molesta a un sector de los políticos, no es más que un grito de auxilio de una sociedad que clama por justicia social y por soluciones. En síntesis, es el propio fracaso de la política y la debilidad de las instituciones democráticas de representación, así como el deterioro de los espacios tradicionales de mediación social, los que tienen al país al borde del abismo, y que han contribuido, a trasladar a la esfera judicial conflictos que antes eran dirimidos por medio de los órganos de representación política. Hay que ser realmente miope para ver el árbol y no el bosque.

Si este fenómeno de judicializaciòn o desplazamiento de poder hacia la judicatura, es un grado de mayor madurez de la democracia, como dice un sector de la doctrina, o no, es una discusión a la que el Parlamento y la clase política se debieran avocar a discutir con seriedad, con el fin de hacer viable la materialización de nuestro proyecto ideológico, uno en el que el país produzca con eficiencia, reparta con justicia y en donde la equidad y dignidad humana sean respetados en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Si el Parlamento quiere reivindicarse que empiece por allí, pues no se va a reivindicar, debilitando el sistema de frenos y contrapesos de nuestro sistema político, es decir, a costa de la democracia.

Tampoco se destruye la esencia del Poder Judicial, que es su independencia, para probar que tenemos retos que superar, porque con ese razonamiento habría que cerrar la Asamblea y el Poder Ejecutivo primero.

La vocación democrática de los padres de la patria debiera ser el norte que nos guiara a todos para poder enfrentar esos retos como hicieron nuestros constituyentes cuando vieron los problemas y debilidades de la justicia de entonces. Optaron por fortalecerla, con el auxilio de don Pepe, que en su sabia visión supo que no perduraría la paz sin un sistema de justicia sólido e independiente.

De tal forma que si los políticos han de meter la mano en la justicia que sea para venir a ver cómo se puede ayudar a mejorar, que leyes hay que cambiar, qué programas hay que financiar para que la sociedad no tenga que estar condenada a criminalizar la pobreza por falta de políticas de prevención y atención de las poblaciones más vulnerabilizadas de este país.”


Finalmente, como si fuera poco lo mencionado, Don Luis Paulino propició la creación de la Sala Constitucional y la integró durante 24 años, siendo ésta talvez la revolución más grande que ha sufrido nuestro estado de derecho desde la creación de la Constitución Política de 1949 y que vino a darle vida, mutabilidad y dinamicidad a la Constitución Política y a la democracia misma

Su pérdida es irremplazable, su ejemplo de servicio ejemplificador, su visión de la justicia, sin duda -como se ha dicho- es la de un humanista con visión de estadista.

Don Luis Paulino nos deja un Poder Judicial que pasó de las máquinas de escribir a la modernización tecnológica; de la opacidad y endogamia a la apertura y transparencia, de la escritura a la oralidad, y sì un Poder Judicial más accesible e independiente, en síntesis, un más democrático y humano con una Constitución que ya no es un simple pedazo de papel.

Como dijo la señora Presidenta en el funeral de Estado, Don Luis Paulino fue “sin duda un hombre de transformaciones que hizo del perfeccionamiento de nuestra institucionalidad una norma de vida“,” hoy la patria necesita crecer a la altura de esta alma”.

La patria le debe mucho a este hombre. Gracias a ustedes por la oportunidad de hacer esta reflexión, que espero sirva de inspiración para la discusión sobre la necesidad de seguir profundizando los esfuerzos por lograr una justicia democrática.

Muchas Gracias

Licda. Ana Lucía Vásquez Rivera
Lic. Sergio Bonilla Bastos
Licda. Andrea Marín Mena
Licda. Teresita Arana Cabalceta
Licda. Marcela Fernández Chinchilla
Licda. Melania Chacón Chaves
Licda. Sandra Castro Mora
Lic. César González Granados
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