Erick Fernández Masís
Colaborador
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| Don Miguel es todo un emblema en los Tribunales de Justicia de Liberia. |
Como si fuese ayer, con alegría y un poco de nostalgia, don Miguel Ángel Quesada Gamboa recuerda su paso por el Poder Judicial, lugar en donde laboró 20 años de su vida, los cuales según él, fueron de mucho aprendizaje y satisfacción.
Nacido en San Ramón de Alajuela un 24 de abril de 1924, este hombre tenaz y con gran don de gente, narra como fueron sus años en la institución y como es su vida en la actualidad, la cual comparte al lado de su esposa Feliza Salazar, con quien lleva 63 años de casado y que según comenta, se sienten como si aún fueran novios.
Padre de cinco hijos, tres hombres y dos mujeres y con 88 años de edad, don Miguel, quien destaca por ser el primer jardinero de la sede judicial de Liberia siente que se le hace un nudo en la garganta cada vez que habla de sus tiempos en este Poder de la República, pero con mucha emoción lo cuenta.
Su llegada al Poder Judicial
Siempre confiado en su trabajo, recuerda que toda su vida fue agricultor y que su dedicación y conocimiento por este oficio le ayudaron a ganarse a base de esfuerzo el lugar que tuvo en el Poder Judicial.
"Mire, si le cuento toda la historia me quedaría aquí hablando como una hora, yo soy agricultor y recuerdo que un día me di cuenta que estaban haciendo unas pruebas en el Poder Judicial, yo no conocía mucho, y de hecho pensé en que eso era para las personas que tenían más estudios, pero la verdad "entré al Poder Judicial porque era un llamado de Dios". Recuerdo que me presenté a hacer las pruebas y obtuve el trabajo y ya en Julio de 1971 estaba trabajando como jardinero en Liberia", dijo Quesada Gamboa.
Agregó "Me acuerdo que para ese puesto había otras cinco personas, más jóvenes que yo y con más estudios, pero recuerdo que en los primeros días y gracias a mi trabajo, logré estar por encima de ellos y quedarme con el puesto, para ese entonces me contrataron para trabajar en Nicoya, pero me mandaron unos días a Liberia y ahí me quedé".
Don Miguel cuenta como en muchas ocasiones tuvo que trabajar de "comodín" en varios juicios, "Yo siempre fui jardinero, pero también era como un comodín, me acuerdo que si faltaba un guarda yo iba y ayudaba, me tocó estar en varios juicios y juicios bravos", contó este hombre, que a pesar del paso de los años no pierde la alegría de vivir, que contagia a cualquiera y que mediante su voz inspira a quien lo escucha.
Su paso por la institución
Desde el 1 de julio de 1971 y hasta 1991, por 20 años, 1 mes y 16 días, don Miguel dejó lo mejor de sí en este Poder de la República. Dos décadas que él añora aún como si fuese ayer, y que expresa desearía volver a vivirlos, ya que de sus palabras aflora el gran cariño que siente por la institución.
Mencionó que durante sus años de servicio hizo muchos amigos, y rememora con mucha felicidad los días vividos en su tan querido lugar de trabajo en los Tribunales de Liberia. Con gran orgullo recuerda como su obra perdura a través de los años y la labor que literalmente sembró, aún se mantiene, es así como cuenta que aún en su preciado jardín hay árboles que él plantó hace aproximadamente 35 años.
Sin duda, su paso por el Poder Judicial marcó huella, que él mismo indica lo marcó para bien en su vida, porque expresa que ese cariño que siente por esta institución fue recompensado por el trato que recibió en sus años de labor.
Don Miguel dice que él aprendió mucho, que como persona de campo no conocía en demasía sobre el lugar que por tanto tiempo fue su casa, pero con el paso de los años aprendió a educarse a sí mismo y es algo que lo hace sentirse profundamente realizado.
Su campo siempre fue su jardín, ese que con tanto esmero cuidó por 20 años, hasta el punto de ser merecedor de reconocimientos por su trabajo, en donde indicó que el actual
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| Por su don de gente y sencillez, don Miguel ase ganó a cuanta persona compartió a su lado. |
Jerarca de la Corte, Dr. Luis Paulino Mora Mora reconoció y agradeció su labor, lo que cuenta con mucha alegría. También señala que en alguna ocasión medios de comunicación también dieron a conocer su trabajo.
Dato curioso
Don Miguel pasó los primeros días de trabajo durmiendo en el edificio de los Tribunales de Liberia.
Según José Acevedo Duarte, funcionario de esta sede judicial y quien compartió muchos años con este jardinero, esto se dio hasta el momento que él pudo establecer a su familia en Liberia, ya que antes de entrar a laborar en la institución vivía en Hojancha, Guanacaste, por lo que realmente el Poder Judicial fue su casa.
Cuenta también que en cuanto don Miguel terminaba de hacer sus labores, el mismo construía una escoba llamada "escoba de pulguilla" que se elaboraba con los restos del monte que se cortaba en los jardines, esto para limpiar el espacio en que habitaba, ya que según comenta Acevedo, don Miguel es un apasionado del orden y la limpieza.
El compañero y amigo
Muchas personas conocieron a este ejemplar hombre durante sus años de servicio, don José Acevedo Duarte coincidió con él por espacio de 10 años y no escatimó en palabras para describir a alguien por su manera de ser, humilde, amigable y colaborador, se ganó el cariño de quienes estuvieron a su lado.
Actualmente Acevedo laborando como localizador y cuenta parte de su tiempo compartido con don Miguel:
"Don Miguel es una gran persona, que se caracteriza por su humildad y esmero, siempre fue amigable con todos, es un ser humano muy jovial. Es una persona muy trabajadora, detallista y dedicada, a quien nunca se le vio perdiendo el tiempo en su trabajo, sus raíces le hicieron crecer con estos principios, los que desarrolló durante toda su etapa laboral".
Como compañero siempre fue un gran ejemplo y como amigo una persona realmente especial, así destacan los comentarios de quienes le conocen. Hoy en su vivienda en Liberia y acompañado de su esposa, don Miguel disfruta de su pensión y recuerda con alegría esos tiempos que él sabe que quedaron atrás, pero que siempre estarán ahí marcando su vivir de una manera positiva.
Todavía se le ve en ocasiones en los edificios de los Tribunales en Liberia, en donde es saludado y querido por todos, su trabajo aún está presente en las zonas verdes del lugar, así como su espíritu, el espíritu de un hombre luchador y honesto que hoy es un ejemplo para el resto de servidores y servidoras judiciales.
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