| INAUGURACIÓN II PROMOCIÓN DEL FIAJ | ||
En la sociedad actual, la justicia es un elemento consustancial de la democracia, al punto que válidamente puede plantearse que sin justicia no existe la democracia, y sin democracia no puede existir verdadera justicia. Dentro de este marco de relación intrínseca, se habla en ocasiones de un concepto relativamente nuevo, el de «democracia insuficiente», el cual tiene múltiples aristas, pero donde tiene un papel destacado el concepto que la sociedad tiene de la justicia como sistema. En este ámbito entran en juego también diferentes factores relacionados con la estructura y organización de la justicia, así como con las personas dedicadas a su administración, es decir, las juezas y jueces de la República. Debemos tener presente que, en definitiva, es ante la administración de justicia, que las personas perciben y entienden si sus derechos se encuentran responsable y plenamente protegidos, o si, por el contrario, la defensa de sus derechos fundamentales se encuentra condenada al fracaso. De ahí la importancia de contar con funcionarios administradores de justicia competentes y probos, comprometidos con su quehacer, entendidos de sus responsabilidades, e involucrados con la defensa efectiva de los derechos. Es por esta razón, que en cumplimiento de sus deberes y responsabilidades constitucionales e, incluso, validando los compromisos internacionales en materia de derechos humanos, el Poder Judicial se ha preocupado por complementar la formación jurídica básica que proveen las escuelas de derecho, reconociendo que el ejercicio de la función judicial requiere una preparación especializada si se pretende el ejercicio ágil, efectivo y eficiente de la función. Se trata de reconocer el ámbito de las especialidades formativas, e implementar estrategias educativas que permitan la debida asunción no sólo de conocimientos teórico-prácticos sobre determinadas áreas del conocimiento jurídico, sino también, especialmente, del uso, manejo y practicidad que a esas mismas áreas se les reconoce y otorga en el ejercicio de la función judicial. Los esfuerzos institucionales en este sentido se encontraron tradicionalmente dirigidos a la formación del funcionario que ya se encontraba en servicio, pero en los últimos años se ha invertido y potenciado la preparación del servidor para el nuevo ingreso, asegurando primero la formulación de un currículo básico que debía ser aprobado por los aspirantes a la judicatura únicamente a modo de evaluación –los exámenes que se realizan para determinados puestos y áreas del conocimiento-, para luego dar inicio al programa del que hoy ustedes forman parte, el programa de preparación inicial de jueces y juezas. A partir de hoy se adentrarán en el cumplimiento de un programa de formación que además de haber sido ideado con sentido y con razón práctica, ha sido ideado también con la perspectiva de otorgar plena validez al valor justicia al que hicimos referencia inicialmente. Por ello, verán que el currículo académico comprende temas de especial importancia para el cumplimiento de la justicia, así como el reconocimiento del aporte de diferentes ámbitos del saber jurídico, más allá de los propios conocimientos técnicos tradicionales. Así, es de vital importancia apreciar cómo el programa inicia con temas que deben acompañar al juez durante todo el ejercicio de su función, sea cual sea el ámbito específico en que se desempeñe. La tutela de los derechos humanos, el razonamiento y la argumentación jurídica, y la ética, son elementos estrechamente enlazados entre sí y que determinan el rumbo de la práctica judicial. En el siglo XXI, la aplicación del derecho para obtener justicia, es una labor que exige interpretación, integración, que debe estar marcada por la hermenéutica, y que exige al juez, conocimiento sobre áreas tradicionalmente desplazadas o demeritadas –como la filosofía- pero que en las últimas décadas, muestran su importancia para alcanzar los fines impuestos por este valor justicia, y junto con él, los cometidos del Estado Democrático y Social de Derecho. La impronta marcada por el desarrollo progresivo de los derechos humanos a partir de la segunda posguerra mundial, nos lleva a vivir en un mundo jurídico donde asistimos a un desbordamiento de las fuentes del derecho. De ahí la necesidad de que el aplicador del derecho, disponga de las herramientas académicas y profesionales para navegar en ese océano jurídico, identificando, interpretando y consolidando el derecho aplicable bajo aquella perspectiva de justicia. Ustedes, como parte de este programa, representan la apuesta de futuro del Poder Judicial; son ustedes los llamados a ejercer la judicatura con empeño y probidad. Durante el cumplimiento del programa académico, recibirán las herramientas básicas para comprender ese ejercicio de la función judicial dentro del andamiaje del Estado Democrático de Derecho, de manera que al ponerlas en práctica en el ejercicio de sus labores, puedan contribuir de manera cierta y efectiva en dar la suficiencia democrática que nuestro país requiere para evitar una caída hacia aquél concepto de la «democracia insuficiente». Serán ustedes los garantes finales para proteger los derechos fundamentales de los habitantes de este país; serán ustedes quienes deban, con eficiencia y conocimiento, dar seguridad jurídica y resolver los conflictos bajo la égida de la justicia. Serán ustedes, bajo este concepto, quienes resolviendo los conflictos internos, pueden dar lustro al Poder Judicial y a la justicia, o bien, comprometer la responsabilidad internacional del Estado. Y será en ustedes sobre quienes descanse, en definitiva, el desarrollo de nuestro sistema de justicia, de la democracia, y de la paz social. |
Licda. María Isabel Hernández Guzmán
Lic. Sergio Bonilla Bastos
Licda. Andrea Marín Mena
Licda. Teresita Arana Cabalceta
Licda. Marcela Fernández Chinchilla
Licda. Melania Chacón Chaves
Licda. Sandra Castro Mora
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