OLIVIA BEJARANO: JUSTICIA NI JUSTA, NI PRONTA,NI CUMPLIDA

Licda. Marta Iris Muñoz C.
Directora Defensa Pública

Un sentimiento de amor y ternura parece apoderarse de estos días, entre la brisa suave y fría que arrulla, la navidad parece tener algo difícil de descifrar, que contagia y entonces pensamos en la felicidad de los niños, en sus risas que iluminan nuestros corazones. Pero a la par de esos Niños y Niñas que esperan con curiosidad y alegría el nacimiento del Niño Dios, en compañía de sus seres queridos, no puedo dejar de pensar en dos pequeños infantes que no estarán con su Madre, me refiero a Olivia. Casi olvidada, vilipendiada por un sistema judicial que le falló, que no supo responder a sus necesidades, que la envió a prisión sin que pudiese decir ni una sola palabra. Si esa es Olivia, mujer sencilla, indígena, de pobreza extrema que añora estar con sus pequeños hijos y ante el frío de la noche arrullarlos junto a su pecho y darles, quizás no un regalo de navidad, pero si una esperanza, una sonrisa, el abrazo materno que hace olvidar las penas del alma, aquél que da seguridad y que llega hasta el corazón.

Su origen indígena ya coloca a Olivia en condición de persona en condición de vulnerabilidad, la cual se agrava por su privación de libertad, por su condición de mujer y además de pobreza. Lo que acontece con Olivia, es producto de lo que se denomina la discriminación estructural, enfoque que señala al Estado como el autor de esta discriminación, pues es el propio Estado, el que a través de sus agencias coloca obstáculos para que personas que pertenecen a determinados grupos de la sociedad, no puedan acceder con facilidad a los diversos servicios públicos que presta, en este caso a la administración de justicia. Primero fue juzgada violentándose sus garantías procesales mínimas, como lo fue, el no nombrarle intérprete, que le permitiera primero, conocer los hechos que se le atribuyeron y como consecuencia de ello ejercer su derecho de defensa. Ahora cuando la Defensa Pública asume su representación, a través de dos procedimientos de revisión, un hábeas corpus y una solicitud de indulto, es claro que nadie tiene prisa en resolver su situación. Los procedimientos de revisión presentados, al contrario de lo que señalan las Reglas de Brasilia, no encuentran prioridad para su pronta resolución. En tanto, seguimos a la espera de que el Consejo de Gobierno resuelva nuestra solicitud de indulto por razones humanitarias, para la que incluso se cuenta con el dictamen favorable del Instituto Nacional de Criminología. Esperamos que no se siga discriminando a quien ya ha sido discriminada, porque es volver a causar dolor a quien ya ha llorado, es volver a arrancar una ilusión, es evitar el abrazo sublime de una Madre con sus hijos y el tierno beso que posado en la mejilla del infante, le sabrá decir: “aquí estoy para cuidarte”. Casi tres años sin ver a sus hijos, es en sí otra condena, quizás más dolorosa que aquella que producen los barrotes de una prisión. Es la respuesta de una administración de justicia que en casos como este parece ceñirse con una persona sencilla, desatendiendo la numerosa normativa que estando para protegerla, parece nadie atender, a pesar de que desde el análisis del expediente  surge su inocencia. Ese el resultado de una justicia, que No ha sido, Ni Justa, Ni pronta, Ni cumplida.

Licda. María Isabel Hernández Guzmán
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