Jueves 14 de julio del
2004
El Precio de la Paz
El gran prócer de América, don Benito Juárez, señala con toda propiedad que el respeto al derecho ajeno es la paz.
Esa verdad eterna tiene un corolario que no podemos desconocer; es el Poder Judicial el que declara y establece el derecho de las personas y, además, impone su respeto en los casos en que alguien lo pretenda desconocer.
En última instancia, es de los jueces que
declaran el derecho de cada uno y el que corresponde a la colectividad de
quienes depende la paz de los pueblos. Por eso a los jueces se les debe exigir
serenidad, conocimiento, imparcialidad objetiva, y adhesión sin límites a la
justicia. Por eso también se les debe dotar de los elementos que requieren para
el cabal cumplimiento de su misión, que no solo debe ser eficaz, sino que
también oportuna.
Cuando clamamos por justicia pronta y cumplida ,
estamos exigiendo paz. Paz personal, paz familiar, paz social, paz nacional, y
todo ello dentro de una completa seguridad jurídica y física.
Regatear presupuesto al Poder Judicial, equivale a
economizar en paz y en armonía, elementos sin los cuales la convivencia social
es imposible.
Bien está que exijamos el rápido descubrimiento de
los responsables de los crímenes que alteran la paz social, y que luchemos
contra la impunidad de los corruptos, pero si regateamos a los jueces, al
Organismo de Investigación Judicial, y a los laboratorios técnicos forenses los
fondos que requieren para su labor, perdemos el derecho de formular esos
reclamos.