Costa Rica, Jueves 2 de octubre de 2008
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José Manuel Arroyo |
Ha partido un visionario
Ulises Odio Santos fue un guía nacional
y su labor dejó una gran huella
Magistrado
A veces los pueblos tienen la fortuna de ser dirigidos por los mejores. Si les tocan tiempos de adversidad, hacen una lectura correcta de los desafíos y aciertan en dar respuesta a los problemas que el común de los mortales no logra comprender; si se trata de tiempos estables, avizoran más allá del horizonte, rescatan lo mejor de su gente y señalan el camino a la tierra del futuro, tierra habitada por personas iguales en dignidad, donde no sobra nadie.
El liderazgo democrático que ejercen les ha sido espontáneamente otorgado por los demás; su autoridad emerge del trabajo duro, el estudio profundo y los talentos que solo natura da; es un liderazgo caído por su propio peso y no han tenido que abrirse paso a codazos. Asumen el poder como un servicio, un deber que las circunstancias les ha impuesto, y lo dejan con la conciencia limpia del deber cumplido.
Reconocible legado. Ulises Odio Santos fue uno de estos guías nacionales. Dejó su reconocible huella como juez de la República en sentencias que hicieron época y que, décadas después, siguen siendo de consulta obligada.
En el ejercicio de la magistratura y como presidente de la Corte Suprema de Justicia se convirtió en un auténtico visionario; estudió y divulgó la obra de juristas europeos y latinoamericanos; hizo contacto con ellos, los trajo para compartir con nosotros y se hizo asesorar por ellos en temas de organización del Poder Judicial y modernización de las legislaciones procesales y sustantivas.
Quizá su mayor aporte lo supo dar, sin embargo, como Maestro, en su sentido más noble y, por eso, la mayúscula.
Años como docente en la vieja Escuela de Derecho de la Universidad de Costa Rica, compartiendo su sabiduría y, sobre todo, reconociendo el talento de estudiantes aventajados, a quienes reclutó para la judicatura o alentó para que fueran al exterior a realizar estudios de postgrado.
Esa generosidad, que solo la tienen almas superiores, sigue dando frutos en nuestros días y de ella surgió la generación más importante (1970-2000) que ha tenido el país, en cuanto a preparación académica en diversos campos del Derecho.
Hombre bondadoso. Sin embargo, por sobre todas las cosas, don Ulises supo ser un hombre bondadoso, un juez austero y un ciudadano modelo. Pudiendo atesorar capitales, se dedicó a forjar una familia, a mantener viva una biblioteca y a cultivar la amistad de todos los que tuvieron el privilegio de ser sus discípulos y colegas.
En los tiempos que corren, donde no parece distinguirse lo esencial de lo aparente; el auténtico conocimiento, de las ocurrencias; o el relumbrón, del verdadero señorío, duele más despedir a patricios de su talla.
Quedan, sin embargo, su ejemplo y sus enseñanzas para recuperar el rumbo extraviado, la claridad enturbiada y la visión más allá de las escaramuzas cotidianas.