EDUCACIÓN DE CALIDAD COMO
RESPUESTA AL TRABAJO INFANTIL
Guillermo Dema
Coordinador Subregional del Programa Internacional
para la Eliminación del Trabajo Infantil (IPEC) de la OIT.
En América Latina, 12,7 millones de niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años trabajan. De ellos, alrededor de 2 millones se encuentran en América Central y República Dominicana. Se estima que el 28% de esas personas menores de edad no asiste a la escuela (la situación se agrava en la educación secundaria), lo cual constituye una merma considerable en sus oportunidades futuras y, por lo tanto, un grave obstáculo para su pleno desarrollo personal.
De ahí que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) haya convenido consagrar este 12 de junio, Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, a la educación. El lema que este año lo abandera es: “Educación: la respuesta acertada al trabajo infantil”. De hecho, la manera más efectiva de combatir el trabajo infantil consiste en mejorar la calidad y el acceso al sistema educativo con el objeto de que éste atraiga y retenga a niños y niñas en la escuela.
Actualmente son muchos los obstáculos para hacer efectivo el derecho que toda niña o niño tienen a la educación. El primer impedimento se refiere a la accesibilidad: grandes distancias hasta los centros escolares, falta de flexibilidad de horarios y recarga de tareas domésticas para las niñas, entre otras razones.
El segundo obstáculo es el relativo a la asequibilidad: costos directos (como cuotas escolares), costos indirectos (como uniformes, libros, transporte, comidas) y costo de oportunidad (ingresos perdidos para la familia al dejar que sus hijos e hijas abandonen el trabajo por la escuela). Una tercera dificultad se relaciona con la relevancia de la educación: un currículum que no toma en cuenta las necesidades, valores, aspiraciones e incluso la lengua de las y los educandos.
Finalmente, la calidad de la educación, primordial para elevar efectivamente el nivel de la misma, es insuficiente. La falta de infraestructuras y materiales apropiados, la insuficiencia en el número de docentes y las condiciones inadecuadas del profesorado (contratos precarios, salarios bajos, carga laboral excesiva) inciden de manera directa en la eficacia del sistema educativo. Los datos nos indican, para el caso de América Latina, que los países con menor tasa de inversión en educación son aquéllos en los que el trabajo infantil tiene mayores cotas.
En este contexto, frente a una educación de baja calidad y que no tiene la capacidad de retener a niñas y niños en el sistema educativo, las familias en situación de pobreza no encuentran mejor solución que enviarlos a trabajar. De esta forma, no se incurre en el costo de oportunidad antes mencionado, esto es, no se renuncia a la contribución, muchas veces vital, que las y los niños trabajadores realizan en la pobre economía familiar. Alcanzar a los excluidos del sistema escolar y proponer una educación no formal o de nivelación para que niñas y niños ex trabajadores alcancen el grado de sus pares es uno de los grandes retos.
El estudio Construir futuro, invertir en la infancia. Estudio económico de los costos y beneficios de erradicar el trabajo infantil en América Central y República Dominicana, realizado por la OIT, revela que para un país resulta más rentable eliminar el trabajo infantil y sustituirlo por una enseñanza universal dado que a medio plazo los beneficios superan a los costos.
No en vano la eliminación del trabajo infantil es uno de los cuatro principios fundamentales de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, y un elemento clave en el Programa de Trabajo Decente de la OIT.
En la Agenda Hemisférica 2006-2015 para generar Trabajo Decente en las Américas (XVI Reunión Regional de las Américas de la OIT, celebrada en Brasilia en mayo de 2006), gobiernos, empleadores y trabajadores reafirmaron su compromiso para acabar con el trabajo infantil. Entre otras medidas, se propuso fomentar el desarrollo de programas de transferencias condicionadas, con el fin de mejorar el acceso, la permanencia y la reintegración de los niños y niñas en el sistema educativo y/o de formación profesional.
Por su parte, los Ministerios de Educación están asumiendo cada vez más las sus responsabilidades relativas a la prevención y eliminación del trabajo infantil. En este marco, los países de Centroamérica y República Dominicana, representados por sus Ministros de Educación, a través de la Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana (CECC), han emitido resoluciones y compromisos específicos en materia de prevención y erradicación del trabajo infantil; entre ellos destacan: el derecho a la educación preescolar, básica y secundaria; garantizar una educación de calidad, con equidad gratuita y obligatoria; y aunar esfuerzos para que estos derechos se cumplan tal y como indica el mandato constitucional.
Por todo ello, la OIT considera primordial que los gobiernos se comprometan y actúen en este sentido, combinando políticas educativas con las estrategias de lucha contra la pobreza. Esto requiere de la voluntad política de los gobiernos para seguir dando prioridad a la acción contra el trabajo infantil, sin olvidar el papel vital de la educación en este cometido.