Encuentro Iberoamericano

Tercera Ronda de Talleres

 

Dr. Luis Paulino Mora Mora

Salón Multiusos, Edificio La Corte

7 de noviembre 2007

 

 

 

Me parece oportuno iniciar este mensaje de motivación, dando a Ustedes las gracias por su presencia hoy aquí en nuestro país, y también por su interés y empeño en esta actividad, la Tercera Ronda de Talleres Preparatoria de la Cumbre de Presidentes de Cortes y Tribunales Supremos de Iberoamérica, a celebrarse en Brasilia el año venidero, con la cual buscamos avanzar de manera sustantiva en la producción de ideas y proyectos para ser conocidos en esa Cumbre.

El Poder Judicial costarricense se honra en ser anfitrión de esta actividad en la que esperamos se continúe con esa dinámica de discusiones intensas y provecho sobre una buena cantidad de temas, que se ha considerado que deben recibir atención primordial dentro del contexto judicial iberoamericano.

Por nuestra parte, los funcionarios judiciales costarricenses, nos hemos comprometido con la puesta en práctica de las guías y principios que han venido brotando de los distintos encuentros iberoamericanos y en tal sentido todos los días hacemos grandes esfuerzos por lograr una mejora sensible en la calidad del servicio de justicia que reciben los usuarios.

En este punto en  particular me gustaría estimularlos a ustedes para que se sientan en la libertad de visitar las diferentes dependencias judiciales de su interés y conversen con los servidores judiciales encargados. Si ello sucede, no tengo duda de que se van a encontrar con un sinnúmero de funcionarios con gran mística y deseosos de compartir sus experiencias y escuchar las opiniones y criterios que Ustedes quieran darles. Para nosotros sería de gran provecho contar con una visión objetiva y desapasionada que nos puede hacer ver errores o formas distintas y más eficientes de afrontar los problemas que tenemos.

            A ese respecto es útil recordar que tenemos un amplio acervo jurídico común, y que   -en algunos casos para bien y en otros no tanto-  históricamente nuestras soluciones para atender los conflictos jurídicos no dejan de tener semejanzas en tanto que se acomodan a modos de ser y de pensar que también resultan similares en sus aspectos fundamentales.

Pero además de ello es importante tener claro que en este inicio del siglo veintiuno también nos une  -y estas actividades son prueba de ello-  una común urgencia de replantear las bases del servicio que prestamos los judiciales, ello con el fin de asegurar que la nuestra sea una labor que de manera cierta ayude y promueva los esfuerzos de nuestras sociedades para el logro del desarrollo económico y social de sus habitantes.

No necesito recordarles que el papel de la justicia viene siendo redefinido según se hace mayor la toma de conciencia de su papel fundamental para la sociedad.  Ha quedado demostrado por una parte que una defensa y aplicación extrema del principio de legalidad puede paralizar la acción gubernamental, la cual se concibe actualmente como indispensable en sus aspectos prestacional y regulatorios del desarrollo equitativo de la sociedad. Por otra, tampoco el extremo opuesto, es decir la amplia discrecionalidad administrativa, será nunca saludable mientras estas labores conlleven ejercicio de poder de unos seres humanos sobre otros. No creo que  haya cambiado tanto la naturaleza humana desde que la ilustración nos legó los postulados de la división de poder necesarios para una protección eficiente de las personas respecto del ejercicio poder.

De este modo, y vistas así las cosas, lo que queda es el diseño de un equilibro entre legislación y administración, que permita el desarrollo económico y social a través de la acción eficaz del Estado, y que asegure al ciudadano contra los posibles excesos y las injusticias que puedan cometerse en la realización de esa labor. 

Para nadie es un secreto que la doctrina unánimemente ha vuelto sus ojos al Poder Judicial para la realización de esa labor;  la ampliación de la competencia del judicial para incluir cada vez una más amplia gama de control de las actividades estatales, sumado al control de constitucionalidad que con formato judicial se ha impuesto en Europa y América,  nos marca el derrotero por el que hemos de transitar los que hemos escogido la función de administrar justicia.

Debemos ser concientes de este papel que tenemos quienes pertenecemos al Poder Judicial que se ha tornado clave, porque tal y como yo lo entiendo es la única forma en que nuestras comunidades pueden lograr el orden y desarrollo sociales que desean, sin avasallar o lesionar en su dignidad a personas y grupos minoritarios.

Es nuestro adiestramiento e inclinación por la búsqueda de una solución y un equilibrio lo que le puede garantizar a nuestro país que las fuerzas que se ponen en tensión no van a desmembrar el cuerpo social.

Como pueden concluir de mis palabras, mi visión del Poder Judicial y de su misión es la de una pieza clave para el desarrollo de la sociedad; no habrá un desarrollo económico y social apropiado sin la participación de un Poder Judicial que sirva de apoyo y equilibrio.

Es por ello que me parece tan urgente y necesario el replanteamiento de nuestra organización que venimos haciendo desde hace años, tanto en sede ideológica como institucional. Con tales cambios buscamos impregnar nuestra actividad con un sentido de fundamentalidad respecto del desarrollo del ser humano en sociedad y aun cuando no debemos quedarnos en ese nivel del discurso, sino que nuestro empeño debe ser traducido en beneficios tangibles para las personas, lo cierto es que estamos obligados a elaborar y reelaborar constantemente nuestros principios y guías de acción porque ellas nos permiten saber si vamos por buen camino o debemos rectificar.

Son precisamente actividades como estas y como la Cumbre a la que estos talleres sirven de preparación, los foros naturales para dar luz a todas estas ideas y criterios, para someternos a reflexiones y críticas con el fin de producir entre todos un sólido cuerpo de ideas y opiniones sobre la labor del Poder Judicial.

La experiencia reciente nos permite ser optimistas, actividades como ésta han marcado el inicio del Código Modelo Iberoamericano de Ética Judicial, la Carta de Derechos de las personas ante la justicia en el Espacio Judicial Iberoamericano, el Estatuto del Juez Iberoamericano y la Declaración sobre el acceso de las mujeres a la Justicia, en donde se explicitan nuevos principios para la justicia, mostrando una definida preocupación para actualizar sus viejos moldes de manera que pueda cumplir los requerimientos que le impone la modernidad.

Tengo la esperanza de que estos talleres no sean la excepción y confío en que todos pongamos nuestro grano de arena para el éxito de nuestra misión principal:  el mejoramiento de la labor de administrar la justicia.

Ayer recibí una halagadora noticia para nuestro Poder Judicial, CEJA le ubica en el primer lugar en transparencia.

Para concluir les doy de nuevo las bienvenida a quienes nos visitan de otros lugares, en nombre del Poder Judicial les deseo una feliz estancia en el país, espero que el intercambio de conocimientos con nuestros servidores nos enriquezca a ambos grupos.  A todos les deseo mucha suerte y provecho en todas las actividades programadas.