Miércoles 16 de junio de 2004

 

Informe judicial 2003

 

 

 

Fernando Guier

No se puede administrar a espaldas del ciudadano

                                                                                                               

No puedo comentar, por voluminoso, el exhaustivo Informe de Labores de la Administración de Justicia del año 2003, cuidadoso en sus cuadros, estadísticas, análisis e interpretaciones. Me impactó y espero que haya tenido una amplia difusión. Gloso la carta de presentación del presidente de la Corte Suprema de Justicia, doctor Luis Paulino Mora. Contiene conceptos que cito y enfatizo pues los anhelábamos los ciudadanos, y el doctor Mora los captó y explicó mejor que nadie. Informa de que el Poder Judicial tiene una carga de litigiosidad que supera el millón de casos al año, consecuencia de una sociedad flagelada por la violencia social en muchos ámbitos, la incomprensión, la intolerancia y la corrupción. Medio millón de causas penales nuevas al año, hoy con el valiente jefe del Ministerio Público engrosadas con los delincuentes gordos, de cuello blanco e instituciones intocables. Decía un amigo que ahora en la mañana leía en la prensa el nombramiento de algún funcionario público, en el noticiero del mediodía veía la juramentación y en la televisión de la noche cuando el Organismo de Investigación Judicial lo apresaba.

El Poder Judicial, por culpa de la Asamblea Legislativa, enfrenta un presupuesto mutilado casi en un 50 por ciento, cuando se despilfarran ¢50 millones en una carretera que huele a influencia política para unos pocos. ¡Manes divinos, protejan la Sala Constitucional! Además, un legislador, históricamente irresponsable, ha distorsionado la labor constitucionalmente encargada a la justicia con funciones atípicas. Constitucionalistas de garra: ¿hay intereses difusos?

Campanas de gloria. Muchos logros importantes en el 2003 y, para este año, suenan campanas de gloria con el empeño de construir una nueva identidad en un proceso difícil e incierto, donde la justicia sea un espejo de la realidad nacional. Y el presidente de la Corte Suprema reafirma su compromiso con una justicia que deje de ver en la forma el fondo y, por el contrario, se ocupe de los verdaderos temas sustantivos. Pongan la barba en remojo algunos jueces civiles formalistas que buscan el timbre de a peso antes que la equidad.

Y cito textualmente este mensaje, que queríamos oír todos los costarricenses; y acátenlo las señoras y los señores diputados aumentando el presupuesto del Poder Judicial y no las carreteras de lujo: “debemos avanzar hacia un sistema donde el ciudadano deje de ser invisible, especialmente las víctimas silenciosas que se ignoran detrás del expediente”.

Insistiendo en que un estado de derecho no se puede administrar de espaldas al ciudadano sino frente a él –hago una glosa literal–, reitera don Paulino que la misión principal se encuentra en la gente “... en ayudarles a resolver pacíficamente sus controversias, no en esquivarlas a través de formas burocráticas”.