Homenaje a don Miguel Blanco

 

Dr. Luis Paulino Mora Mora
Presidente
Corte Suprema de Justicia
Auditorio Judicial
19 de diciembre 2005

 

Es este sin duda alguna un buen día para el Poder Judicial; este acto que hoy celebramos y que sirve para rendir homenaje a Don Miguel Blanco Quirós, es algo que nos enaltece como institución. En los seres humanos el ser agradecido es una bella característica moral y creo que cabe decir lo mismo de las instituciones que si bien no tienen conciencia moral autónoma sí tienen un conjunto de valores que defienden y promueven. Con esta iniciativa el Poder Judicial está mostrando que tiene sus valores bien ordenados como organización y que sabe ser agradecido con quienes le han querido tanto y le han servido de forma tan buena y leal.

A Don Miguel le sobran los méritos para hacerse merecedor del homenaje que pretendemos darle hoy. Para el Poder Judicial fue un honor contarlo entre sus filas, pues ello sirvió para darle prestigio a esta institución; lo dijo muy bien en su momento el Magistrado van der Laat, cuando señaló la confianza y tranquilidad que daba al foro jurídico la presencia como juez de don Miguel. Pero también cumplió otra labor primordial Don Miguel con su larga y fructífera estadía en este Poder, y es que sirvió de vivo ejemplo de la forma apropiada de comportarse el funcionario judicial. Su conducta pública fue absolutamente correcta y también ha sido intachable su conducta privada. Es en esa combinación en la que todos los que servimos en el Poder Judicial, debemos poner atención y tratar de imitar, si queremos que nuestra organización pueda ser moralmente solvente para juzgar y decidir sobre el comportamiento de los demás.

Siento que Don Miguel le ha brindado a esta institución un legado que varios años de distancia nos permiten aquilatar de mucho mejor manera. Hoy predicamos transparencia y el apego a valores éticos en nuestro quehacer institucional y hacemos denodados esfuerzos para que el Poder Judicial se muestre al ciudadano con sus defectos y virtudes. Sería tan deseable que acompañando esos esfuerzos y buena voluntad, pudiésemos también estar seguros que todos nuestros jueces no van a defraudar, con actos incorrectos, la confianza que la sociedad ha depositado en ellos. Sería tan deseable que los jueces pudieran seguir el ejemplo que es y ha sido siempre Don Miguel y que quienes ocupan los puestos de judicatura la hicieran brillar desde el punto de vista jurídico y moral como la hizo brillar él cuando ejerció como juez y Magistrado, tal y como lo han apuntado quienes me precedieron en el uso de la palabra.

Me parece por todo ello muy justo que en este momento –cuando todavía don Miguel puede disfrutarlo-, le brindemos un homenaje que sin duda merece, nombrando este recinto con su nombre, ante muchas de las personas que más lo quieren tanto dentro como fuera del Poder Judicial, de modo que las siguientes generaciones de jueces y funcionarios puedan saber quién fue Don Miguel Blanco, y aprendan a apreciarlo y tenerlo presente junto con su legado al Poder Judicial.

Don Miguel fue mi profesor, mi superior jerárquico, mi compañero de Corte y Presidente de ella cuando volví a esta Institución después de una ausencia de varios años. En todas esas oportunidades siempre recibí de él un trato especial, el consejo desinteresado y el deseo de ayudarme en mi formación.

Sus lecciones de procesal me enseñaron a comprender la importancia del orden en la investigación judicial, pero sobre todo el aprecio por el reconocimiento de los derechos de las partes, la importancia de la independencia del juez, pero sobre todo su compromiso con la imparcialidad en relación con los interesados en el caso; no en pocas oportunidades recibí su consejo respecto a la forma en que como juez debía proceder para lograr una solución efectiva del conflicto y como Presidente de Corte siempre procuró que quienes nos desempeñábamos como Magistrados de Sala cumpliéramos con la Corte el compromiso que habíamos jurado frente a Dios y la Patria.

Es un lugar común decir que siempre detrás de un gran hombre hay una gran mujer, pero en este caso no puedo dejar de referirme a doña Angelita, quien siempre ha acompañado a don Miguel en sus proyectos, quien le supo dar el aliento necesario para que continuara adelante, quien ha sido la compañera constante en el duro trajinar por esta vida. Nora y yo le agradecemos el cariño con que siempre nos ha tratado.

Mario y Maritza los orgullosos hijos que recogen hoy la siembra que el padre hizo. A ustedes también el agradecimiento de la Institución y el mío propio. Muchas gracias por permitirnos vivir este momento de felicidad.

Solo me resta darle las gracias al propio Don Miguel, a su esposa e hijos por su bondad y anuencia para que este acto, con el que hacemos patente el cariño y aprecio que el Poder Judicial costarricense tiene por ustedes, se haya realizado; a los Magistrados que propusieron y apoyaron la idea y todos Ustedes que con su presencia han hecho de esta actividad una muestra más del agradecimiento que sabemos tener los judiciales por aquellos que –como don Miguel- se convierten en bienhechores de nuestra Institución.

En esta época del año no se debe terminar una intervención como esta sin aprovechar para desear a todos mucha felicidad en Navidad y prosperidad en el año venidero.