
Fiscal
Penal Juvenil: Menores crean fuertes vínculos con bandas narco porque
sustituyen a su familia
Niños y
adolescentes son ‘contratados’ para ser las campanas del grupo. Con pasar del
tiempo, un 80% permanece en vida delincuencial; solo un 20% logra desprenderse
Katherine Chaves R.. Hace 4 horas
La Ley Penal Juvenil estipula que lo
máximo que puede estar preso un menor de edad son 15 años, siempre que tenga
entre 15 y 17 años. En caso de estar en el grupo etáreo de entre los 12 y 15
años, el máximo de permanencia es de 10 años. Foto: Fines ilustrativos
Los menores que no viven en un hogar bajo la autoridad de sus padres,
que carecen de acceso a estudios y a quienes les falta la comida sobre la mesa
son el blanco favorito de los narcotraficantes.
Estos criminales aprovechan esta vulnerabilidad para acercárseles y
ofrecerles un lugar de pertenencia, a cambio de que se vuelvan parte del grupo.
Primero, los colocan como campanas; es decir, se encargan de alertar de
cualquier movimiento policial o de cualquier acercamiento de rivales. Luego les
permiten escalar hasta que, generalmente a la mayoría de edad, se convierten en
vendedores de droga, traficantes de armas y hasta sicarios.
Hacen una carrera delincuencial. Todo a cambio de droga, dinero y poder.
Pero, sobre todo, lo hacen porque aquella banda es su familia, por la que no
importa dar la vida.
En cambio, para esa organización, él es simplemente uno más, alguien que
les es útil. Y ya.
Sobre el involucramiento de los menores en el fenómeno del narcotráfico
y los crueles asesinatos que se han dado en los últimos tiempos a raíz de eso,
el fiscal adjunto en material Penal Juvenil, Luis Diego Hernández Araya,
conversó con este medio. Este es un extracto de la conversación.
– ¿Cuán común es la presencia de menores en el narcotráfico?
– Cuando las estructuras criminales llegaron al país
a inicios de los 80, no se percibió este fenómeno o este tipo de reclutamiento,
pero posteriormente sí. A finales de los 90 y principios de los 2000 se empieza
a ver este auge de la introducción de menores en materia de crimen organizado.
Y es un asunto que va en escalada.
– ¿Por qué los reclutan?
Ha sido un proceso, es un fenómeno social que ha ido evolucionando.
Entonces, inicialmente, lo que tenemos es que son reclutados en comunidades
marginales donde existen centros de distribución de droga y donde hay menores
que están en las calles, que no están en lo que tienen que estar: estudiando.
“Son personas que, además, por su corta edad representan toda una
inversión para la banda. Le explico el porqué: Como las penas no son muy altas
y, con esto no quiero enviar un mensaje equivocado de que la solución es
aumentar las penas, el menor pasará poco tiempo en la cárcel, pero saldrá con
mucha más experiencia.
“Además crea vínculos muy fuertes con la banda, porque sustituye a su
familia. La banda se convierte en la autoridad parental de menores donde no
existe esa figura o es negligente, entonces la organización ve en los menores a
personas muy útiles, que les pueden sacar provecho. Por eso los reclutan”.
– ¿Se han dado casos donde los menores son forzados a trabajar para
organizaciones de este tipo?
– Hay que romper ese mito: nada es por la fuerza,
ninguna situación se da de manera forzada. Todo es por voluntad propia y le
puedo decir que, desde muy corta edad, desde los 10 o 12 años, el narco anda
detrás de ellos. Detectan vulnerabilidad y ahí se aprovechan.
Fiscal Luis Diego Hernández Araya
aseguró que la solución al involucramiento de menores en el narco es que el
Estado genere una buena política pública al respecto. Foto: Cortesía del MP
– ¿Cómo los convencen de trabajar para ellos?
– Lo que hace el narco es ofrecer droga gratis. Desde
esa corta edad se les paga con droga gratis y, cuando se da el consumo o la
adicción, pues el menor sí está obligado a trabajarles, pero el que lo obliga
es el vicio, no la agrupación criminal.
“Hemos visto que, por ejemplo, desde la escuela los narcos hacen labor
de mercadeo. Buscan personas, niños o adolescentes, con cierto liderazgo, con
carácter y los usan para una labor de mercadeo. Son personas atractivas para
las demás y lo que hacen es regalarles dosis para que, a su vez, las regalen e
induzcan a otras personas de forma gratuita a consumir.
“En momentos, las bandas hasta les organizan fiestas. En resumen, los
buscan para introducir droga en los centros educativos, generar adicción y
tener personas a su disposición”.
– ¿Cuáles funciones cumplen los menores en una organización criminal?
– Inicialmente, son usados para dar aviso de
cualquier movimiento sospechoso en contra de estas organizaciones: ya sea de
vehículos, de operativos policiales. Entonces para lo que son ocupados los de
muy corta edad son para avisar; es lo que se conoce como las campanas.
“Pero son personas que pueden, incluso, llegar a desempeñar funciones
más especializadas dentro de la estructura. Eso sí, hay que dejar claro que los
menores no lideran; es más, cuando son menores ni siquiera son considerados
parte de la organización.
“Hay que entender que se da un aprovechamiento de los menores para, de
alguna manera, introducir a otros en el consumo. Cuando van creciendo y
cumpliendo años, entonces ahí sí se les ocupa para mover droga, para
distribuir, para aspectos de seguridad y ya no solo como campanas. Llegan hasta
ser vendedores de droga, sicarios y distribuidores de armas de fuego”.
– ¿Cuán rápido es para un menor escalar posiciones dentro de una banda
narco?
– Ellos tienen que ir haciendo méritos. Una vez que
están dentro de la estructura, tiene que buscar la manera de sobresalir y,
dependiendo de los méritos que hagan, van ascendiendo y algún día podrían
llegar a liderarla, pero no es algo de la noche a la mañana.
“El sicariato, por ejemplo, se da más que todo en personas adultas, pero
a veces sí se da que un menor sea utilizado para acabar con la vida de otro menor,
como ocurrió en Bribri de Pavas hace unos años. Y ese tipo de acciones son las
que lamentablemente cuentan como méritos dentro de la organización.
“El concepto del temor es crucial, se rigen por la verticalidad”.
Las bandas ven en menores una buena inversión,
puesto que, por su necesidad de pertenencia, defienden a muerte la
organización. Foto: Fines ilustrativos
– En caso de querer retirarse de la banda, ¿les es posible?
– Podemos hablar desde nuestra experiencia que de
esas personas que ingresan a tan corta edad, solo un 20% logra salir adelante,
logra escaparse de las garras de este flagelo. Pero un 80% continúa con esa
formación delincuencial porque se acostumbra, o porque se les hace fácil
permanecer.
– Se dice que una solución para evitar este involucramiento de menores
sería haciendo más severas las penas en contra de ellos. ¿Eso es algo realmente
sostenible y oportuno?
– Para nada. (...) Hay que entender, también, que en
realidad la responsabilidad penal de personas menores de edad es excepcional;
se considera como último recurso (...) La sanción, para empezar, no tiene la
misma finalidad que en adultos, donde es un castigo.
“En materia juvenil, la sanción tiene un fin psicoterapéutico,
pedagógico. Esa persona, una vez sancionada, el sistema de ejecución de las
sanciones le hace una sanción a su medida: ya sea algo socioeducativo, una
orden de supervisión, etc. No es un castigo, sino que se trata de ver qué es lo
que anda mal en el desarrollo de esa persona menor de edad y tratar de
recomponerlo.
“Nada se hace con castigar a una persona que está en construcción.
Claramente tiene que responder por sus actos y, si tiene que tener un
internamiento directo (prisión, en el caso de adultos), lo tendrá que hacer,
pero lo que se busca es ayudarlo a ser mejor y evitar recaer en delitos.
“Además, subir las penas no es viable puesto que ahorita la
recomendación de organismos internacionales en temas de derechos humanos es de
12 años para penal juvenil. En Costa Rica, más bien, anda un poco diferente a
las recomendaciones (pena máxima para menores de entre los 12 y 15 años es de
10 años; para jóvenes de entre 15 y 17, sube a 15 años)”.
– Por último, ¿cómo afecta a la sociedad la inmersión de menores en el
narco?
– Es un peligro para la seguridad, pero sobre todo
para la sociedad. Si un número importante de menores tiene esas expectativas de
vida (delincuenciales), eso significa que como sociedad no brindamos
oportunidades o programas o una política pública para evitar que una persona
menor de edad se involucre en estructuras. Un menor no debería estar expuesto,
debería estar con la familia y estudiar. No expuesto al fenómeno del
narcotráfico.
Por eso el llamado es al Gobierno para que busque políticas, campañas
educativas, mejorar los programas que hay y mejorar la cobertura de educación
para evitar esto.
Un menor que esté recibiendo apoyo emocional, educativo y recreacional
por parte de su familia y del Estado no cae en el narco.