
7 de octubre de 2019
Nacionales
Facilitadores judiciales
resuelven conflictos comunales
Más de 40.000
casos concluidos en 5 años de programa
María Alemán, vecina de Los Chiles, Alajuela, y Ceferino García vecino, de
Santo Vito, en Coto Brus, participan en Facilitadores Judiciales, un exitoso
programa del Poder Judicial que mediante la capacitación y aplicando el diálogo
logra resolver conflictos en comunidades rurales.
Más de 40.000 conflictos resueltos desde 2014, cuando nació esta iniciativa,
ha permitido un ahorro cuantificable al Poder Judicial en casos resueltos
satisfactoriamente, sin tener la necesidad de llegar a un proceso
judicial.
Román Solís Zelaya, magistrado de la Sala I y presidente de la Comisión
Nacional de Mejora Judicial (Conamaj), visitó DIARIO EXTRA semanas atrás junto con estos dos facilitadores para
explicar los alcances del programa, que volvió a contar con el auspicio de la
Organización de los Estados Americanos (OEA).
¿Qué hacen los facilitadores judiciales? Básicamente es un programa de
voluntariado comunal, donde los vecinos escogen a sus representantes, quienes
reciben cursos de educación legal popular y comienzan a desempeñar su labor en
la comunidad.
Es el juez contravencional de cada circuito judicial el encargado de
promover la elección y una vez al mes debe reunirse con ellos para ver los
avances y los resultados.
El facilitador tiene la responsabilidad de solucionar conflictos que surgen
en temas como derecho agrario, derecho civil, ambiental e incluso constitucional,
enseñar cómo redactar un recurso de amparo y un hábeas corpus, por ejemplo.
Desde problemas limítrofes entre fincas hasta casos de pensión
alimentaria.
De acuerdo con el magistrado Solís, el facilitador puede ver de todo,
excepto la materia penal y violencia doméstica, pero esto no excluye que
oriente a la víctima para que llame a las oficinas estatales encargadas del
abordaje de estas situaciones.
A la fecha son cerca de 500 facilitadores, de los cuales 272 son mujeres,
que trabajan en los 42 circuitos judiciales a lo largo y ancho del país. La
comunidad más reciente es Bribri, en Talamanca.
Alemán narró por qué asumió el reto de integrar este proyecto. Esta mujer,
madre de tres hijos, dice que tiene cuatro años de ser facilitadora. Empezó en
2015 y ha resuelto casos agrarios, de pensión alimentaria, acompañamiento a
instituciones como el Patronato Nacional de la Infancia y el Instituto Mixto de
Ayuda Social, así como asesoría en leyes.
“Me gusta mucho servir a mi comunidad y a las personas que más necesitan de
mí, orientarlas, a fin de tener una mejor comunidad porque así se hacen mejor
las cosas para vivir en paz y en unión con la comunidad y las personas”,
declaró.
Agrega que le impactó mucho el caso de una adulta mayor que tenía cinco
hijos y ninguno quería colaborar con su madre. Ella reunió a los cinco y les
explicó lo que pasaba, ahora viven bien con su mamá y todos aportan.
En el caso de Ceferino García Bejarano, vecino de Santo Vito, Coto Brus, es
facilitador en una reserva indígena de la zona.
Lleva dos años de resolver conflictos en cuatro comunidades. “Es una
experiencia muy bonita, hemos logrado resolver todos los casos en los que hemos
participado, problemas por basura, por animales, y la comunidad sabe que nos
puede buscar”, explicó.
“LA GENTE NO HABLA”
El magistrado Solís hace referencia a cómo la falta de diálogo entre las
personas genera los conflictos.
“Los problemas se dan porque las personas no hablamos. Como dice el refrán
‘hablando se entiende la gente’ y ellos lo que hacen es facilitar ese diálogo”,
indicó.
Los facilitadores comienzan un proceso de formación cuando son electos en
sus comunidades, que lo asume la escuela policial, con una metodología de
enseñanza legal popular con conocimientos básicos fundamentales de aquellas
materias que inciden en la convivienda comunal.
“La Conamaj es la oficina del Poder Judicial que
tiene ese programa y coordina las capacitaciones. Por ejemplo, ellos recibieron
un curso del nuevo Código Laboral, están recibiendo sobre el nuevo Código
Procesal Agrario y ya vamos con las charlas del nuevo Código Familia aprobado
hace poco”, explicó.
¿Cómo se podría cuantificar el impacto del programa? Solís explicó que se
puede hablar del impacto ideológico al “lograr que el Poder Judicial deje de estar
metido en cuatro paredes, con jueces que se creen dioses, y entienda que la
justicia es un servicio público y que está en manos del ciudadano de la calle.
Eso es cambiar un paradigma que durante 198 años ha tenido el Poder Judicial de
estar metido en esas torres de marfil”, apuntó.
El magistrado explicó cómo este programa de forma cuantitativa ahorra
recursos y contribuye a no aumentar la mora judicial. Puso el ejemplo de la
adulta mayor que la familia tenía sin cuidado y Alemán
colaboró en resolver.
“Ese caso sería un juicio contravencional por abandono de adulto mayor, ese
juicio tendría la participación de un fiscal, un defensor, el juez
contravencional, una de las partes eventualmente contrataría un abogado
privado. Hay una sentencia, que tiene apelación.
Es decir, son horas de trabajo de funcionarios judiciales, el gasto en la
prestación del servicio, cuando ella (Alemán) lo pudo
resolver hablando con las personas”, añadió.
“Cada caso que los facilitadores judiciales logran resolver es un
expediente judicial menos y ya varios jueces contravencionales nos han dicho
que se nota el menor movimiento de expedientes. Hablamos que
desde que inició el programa se han resuelto más de 40.000 casos que no fueron
judicializados”, finalizó.