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Domingo 16 de diciembre de 2018

Revista Dominical

 

Personajes 2018: Fernando Cruz, presidente de la Corte: “Un juez debe estar sintonizado con el clima de opinión”

 

Tiene 69 años, es de estatura y contextura media, su abundante cabellera combina con su bigote gris. De joven era “un fiebre” del baloncesto y ahora, le gusta salir caminar por las calles de San José, donde casi siempre pasa inadvertido.

Colecciona estatuillas de búhos y es aficionado al acordeón. Dice ser saprissista y católico practicante.

Es abogado, politólogo y tiene estudios en economía. En círculos judiciales es considerado como un hombre de línea dura.

La política le apasiona y le sigue el pulso diario; religiosamente lee el periódico todos las mañanas y ve los noticiarios. Aprovecha cada espacio libre para escuchar programas de opinión. “Un juez debe estar sintonizado con el clima de opinión”, alega.

Niega ser simpatizante de una agrupación política en particular. Tampoco se cataloga de izquierda o de derecha: “Depende de dónde usted se ponga (...). Eso de las etiquetas es tan difícil, hay gente que tiene un pensamiento tan conservador que por ejemplo, considera que las garantías sociales es izquierda”, enfatiza.

Aunque cuando estudiaba Derecho fue simpatizante de un partido que se llamaba Liga de Acción Universitaria, y que según dijo, era de corte demócrata cristiano. Incluso, bajo esa divisa se postuló, sin éxito, como candidato a la vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica (FEUCR), en 1973.

Fernando Cruz Castro, es un hombre poco expresivo, de un hablar pausado y sin exabruptos; y desde hace 138 días es presidente de la Corte Suprema de Justicia, la décima persona en ocupar esa silla después de la fundación de la Segunda República, en 1949.

Él dice ser una persona con una “visión renovada”, no se identifica con el calificativo de progresista o disidente, como algunos lo han tachado. Es persistente y terco en sus posiciones cuando considera tener la razón, como por ejemplo con la reforma fiscal, la cual adversa fuertemente porque en su criterio, maniata al Poder Judicial y violenta su independencia.

Matrimonio igualitario. Sin embargo, dice saber cambiar de opinión cuando otros le dan suficientes argumentos y citó como prueba de ello, su posición sobre el matrimonio igualitario.

Ahora, dice considera que debe ser legal sin necesidad de aprobar una ley, y hace diez años creía que eso era una decisión que solo podían tomar los diputados.

“Creo que parte de lo que uno aprende es a no aferrarse. Uno debe ser convencido de lo que cree, pero no debe ser fanático, obcecado de esas creencias, uno debe siempre poner a prueba lo que está convencido.

"(...) Yo puedo ser católico, puedo creer en la visión que tiene la iglesia Católica, pero eso no debe condicionar mis decisiones como magistrado constitucional, porque yo me debo a una sociedad pluralista”, reflexionó Cruz.

“Me gusta una visión que busque siempre dónde están las injusticias, en dónde están las deficiencias para ir por una mejor sociedad. Pero me parece fundamental un Poder Judicial que esté dentro de la visión tradicional, no estaría de acuerdo con un poder popular, que sería una visión de un poder marxista tradicional”, agregó.

Su postura sobre el matrimonio igualitario, la expuso el pasado 8 de agosto, cuando protagonizó con el resto de magistrados constitucionales la sesión más larga de los últimos 29 años de la Sala IV.

Eso ocurrió solo ocho días después de su elección como presidente de la Corte, y fue cuando la Sala fijó un plazo de 18 meses para que entre en vigencia las uniones entre personas del mismo sexo. Ese día, Cruz y su colega Nancy Hernández aclararon que ellos creían que la autorización debía ser inmediata.

Como magistrado de la Sala Constitucional ha sido polémico y en el poco tiempo que lleva como presidente, no ha sido la excepción.

En sus antecedentes, sobresale su oposición en contra del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (Cafta) y a sus 13 leyes de implementación. También adversó el proyecto minero Crucitas y declaró sin lugar los habeas corpus del expresidente Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002), en medio del caso ICE-Alcatel.

El plan fiscal. Ahora, en su papel como presidente, lideró a lo interno de la Corte al grupo de 11 jueces que se opuso a la reforma fiscal del Gobierno porque tocaba los salarios de los funcionarios judiciales. Incluso, calificó el proyecto tributario como el peor que ha visto.

Otra serie de declaraciones en favor de los incentivos judiciales también generaron polémica y dimes y diretes con la prensa, en especial con La Nación.

Por ejemplo, dijo que a la Corte se le estaba achacando la solución a la pobreza; que él era de clase media como la mayoría de empleados judiciales, –a pesar de que recibe una remuneración neta de ¢6,3 millones al mes–; y que si le quitaban el salario, iba a caer en pobreza.

A la postre, él se defendió alegando que sus palabras habían sido mal interpretadas.

Sin embargo, sus compañeros de la Sala IV le dieron la espalda cuando se pronunciaron sobre la reforma fiscal. Por mayoría, es órgano concluyó que el plan tributario no afecta el funcionamiento y la independencia del Poder Judicial, y que tampoco hubo vicios en el trámite del proyecto.

Llegada convulsa y cemento chino. Fue el 1°. de agosto anterior que Fernando Cruz asumió la Presidencia de la Corte, lo hizo en un momento convulso, cuando el Poder Judicial atravesaba una fuerte crisis de credibilidad por resoluciones y gestiones cuestionadas en casos relacionados con el polémico empresario del cemento chino, Juan Carlos Bolaños.

Destituciones, sanciones, renuncias y jubilaciones anticipadas de magistrados fueron el desenlace de un tsunami de noticias.

Cruz relevó a Carlos Chinchilla Sandí, quien se acogió a su pensión en julio pasado, solo cuatro días después de haber sido castigado por incurrir en una falta grave relacionada con el caso del cemento chino.

También sucumbieron por ese caso Doris Arias, Celso Gamboa y María Elena Gómez, de la Sala Tercera. Y anteriormente, el fiscal general Jorge Chavarría (en noviembre del 2017). Mientras que la otrora fiscala subrogante, Berenice Smith y el magistrado penal Jesús Ramírez fueron suspendidos y continúan en el Poder Judicial.

No obstante, su ascenso al máximo puesto en la Corte no fue sencillo, se requirieron cuatro rondas de votación para su elección, ante la falta de consenso. Al final, resultó designado por decisión dividida de 13 votos contra nueve que obtuvo Orlando Aguirre, de la Sala Segunda.

Él insiste en que su estadía en ese puesto es transitoria, aunque le gustaría quedarse en esa silla hasta el 18 de octubre del 2020, día en que se vence su nombramiento como magistrado constitucional y cuando planea acogerse a su jubilación. Una segunda reelección no está en sus planes, 16 años en ese cargo son suficientes.

Para Cruz no son nuevas las votaciones adversas. Su llegada a la Sala IV, en octubre del 2004, fue todavía más empinada. Le tomó 17 años y múltiples candidaturas.

Inicialmente, buscó ocupar una silla en la Sala Tercera, dado su experiencia en el ámbito penal. Para ese cargo reconoce que pujó, en al menos cuatro oportunidades, y el Congreso siempre le dijo que no.

Fue hasta 2001, que el entonces presidente de la Corte Luis Paulino Mora (q.e.p.d) propuso su nombre para magistrado suplente de la Sala Constitucional, que resultó electo. Sin embargo, uno año después buscó una silla titular en esa sala y no lo obtuvo, en su lugar quedó Ernesto Jinesta.

Y en 2004, cuando ya había perdido las esperanzas y decidido no postularse, alcanzó los votos suficientes para ocupar su cargo actual, luego de que un grupo de diputados impulsara su candidatura, entre ellos, la hoy expresidenta de la República, Laura Chinchilla, según relató.

Su reelección en 2012 tampoco fue sencilla, fue el primer magistrado en no ser reelecto por el Congreso, al no alcanzar los 38 votos necesarios. El entonces diputado de Liberación Nacional, Fabio Molina, alegó que se trataba de una “llamada de atención” para la Corte.

Eso ocurrió en noviembre de ese año, pero seis meses después, en mayo del 2013, la Sala Constitucional, integrada por magistrados suplentes, acogió un recurso de amparo y anuló el acuerdo adoptado por el plenario legislativo, con lo que Cruz quedó reelecto de manera automática por otro período constitucional de ocho años, el cual vencerá en el 2020.

Su paso por el Ministerio Público. Para ese momento, cumplirá 48 años de trabajar en el Poder Judicial, donde inició como agente de faltas de contravencionales en el Juzgado de Alajuela, y también trabajó como juez y fiscal general.

En su paso por el Ministerio Público le tocaron casos mediáticos como la detención del narcotraficante mexicano Rafael “Caro” Quintero (el 4 de abril de 1985), buscado por la muerte del agente antidrogas de Estados Unidos, Enrique “Kiki” Camarena. Él fue quien acordó entregarlo a Migración para que fuera deportado a México.

Además, le correspondió investigar las acciones delictivas de grupos insurgentes (entre estos “La Familia”, una banda terrorista responsable de atentados, así como la muerte de tres policías y un civil), la presencia de contrarrevolucionarios nicaraguenses y el desfalco del Fondo Nacional de Emergencias, donde fue vinculado el expresidente Luis Alberto Monge.

Fernando Cruz es un hombre de posiciones claras, sin tonalidades, de línea dura. No le teme a la polémica y a veces, más bien la busca.

En el cargo de magistrado y presidente de la Corte le restan 672 días, ese es el tiempo que falta para su jubilación, dejará su cargo en octubre del 2020, un año antes del bicentenario de vida independiente.