
Sábado 26 de marzo, 2005
San José, Costa Rica.
Experiencias positivas
Las buenas prácticas de la seguridad
nacional se deben emular por parte de otros sectores
Miguel Sobrado
Nos quejamos tanto
de todo lo que no funciona en nuestro país, que, por generalización, podemos
pasar por alto experiencias positivas del aparato público, que de alguna forma
nos están marcando caminos útiles para la reforma que requiere nuestro Estado.
No me refiero aquí a las grandes reformas estructurales que requieren cambios legales y constitucionales, sino a aquellas que se pueden y se deben realizar aplicando el artículo 11 de la Constitución, que demanda evaluación de resultados. Son las reformas del cambio de gestión del feudo privado de los grupos de poder, propio de la cleptocracia, a la gerencia científica de los sectores de servicios públicos. En este sentido, el aparato de seguridad costarricense nos ha dado ejemplos de buenas prácticas que deben ser objeto de atención y servir de ejemplo en otros sectores de la administración pública.
Conciencia y creatividad.Tanto el Ministerio de Seguridad como el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y las otras dependencias de seguridad se han venido destacando por su profesionalismo: análisis sistemático de la realidad con consciencia simultánea de sus limitaciones y posibilidades para actuar contra la delincuencia. Saben que el control de la delincuencia no depende solo de ellos, sino de la prevención más amplia que debe hacer el resto del aparato del Estado y que no está haciendo tan bien, pero no por eso se declaran derrotados, sino que, por el contrario, elevan la calidad de su trabajo represivo e incluso han incursionado, con creatividad y niveles importantes de éxito, en la prevención a través del Programa de Seguridad Comunitaria.
En otras palabras, a pesar de las grandes limitaciones presupuestarias y de tener que enfrentar algunos niveles de corrupción incrustados en su seno, han emprendido la tarea de ir limpiando la casa al mismo tiempo que profesionalizan su equipo y lo forman en la práctica. Orientan la acción evaluando resultados y reflexionando sobre su práctica. De esta manera han venido formando equipos policiales técnicos de alto nivel en casi todo el país, e incorporado a centenares de comunidades. En su quehacer, aunque existen diferencias de criterios, tanto el Ministerio de Seguridad como el OIJ y los otros organismos han tenido niveles importantes de coordinación y cooperación, y se han distinguido, en este sentido, del trabajo miope, egoísta y carente de coordinación imperante en una parte considerable de la administración pública.
Ejemplo como camino. Desde luego, aún queda mucho camino por recorrer en la seguridad nacional, pero vale la pena reconocer lo avanzado y señalar el ejemplo como camino para otras instituciones, de las cuales depende en el mediano y largo plazo nuestra verdadera seguridad. Me refiero a las que tienen la responsabilidad de aprovechar el llamado bono demográfico por el programa "Estado de la nación". Se trata de elevar el nivel de escolaridad de los jóvenes de hoy para que no se conviertan en pobreza o parte de la delincuencia en el futuro inmediato. Solo tres de cada diez jóvenes que entran a la escuela terminan el bachillerato.
Sin bachillerato, en el futuro tecnológico que nos aguarda, tienen grandes posibilidades de vivir condiciones de pobreza y de caer en garras de la delincuencia. Los mismos sistemas de pensiones, si no se eleva la productividad, colapsarán en el 2040. Recordemos que, para entonces, por los cambios en la estructura demográfica, se incorporará al trabajo poco más de una persona por cada pensionado. Estamos a tiempo de actuar, si el sector educativo y la Asamblea Legislativa se estimulan para seguir el ejemplo de la Seguridad Nacional; de otra forma, los mejores logros en seguridad represiva serán insuficientes para resolver los problemas que se vendrán.