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Luis Porfirio Sánchez Rodríguez
Magistrado de la Sala Segunda y Presidente de la Comisión de Ética y Valores |
En ocasiones olvidamos lo que significa vivir en un país independiente. Damos por garantizados derechos que muchas personas en el mundo sueñan alcanzar o que han perdido.
Vivir en Costa Rica es un privilegio, porque nuestra patria nos da la posibilidad de construir un destino sin depender de poderes extranjeros. Nos concede la oportunidad de elegir a nuestros gobernantes, opinar libremente sin sanción alguna y trabajar por aquello que deseamos sin ninguna limitante.
En este lugar maravilloso las personas crecen y se desarrollan con la firme convicción de que serán libres e independientes, sin yugo opresor que los aflija o los condicione. Ésta ha sido una conquista social alcanzada progresivamente con esfuerzo, sacrificio y unidad. Con una clara visión del Estado que deseamos para esta y las futuras generaciones. Dicha creencia está incorporada en lo más profundo del sentir costarricense y nos aferramos a ella con mucha fuerza.
Aunque tenemos cosas que mejorar como sociedad, el Informe Mundial sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, nos coloca en las primeras posiciones de América Latina y el Caribe, en aspectos como vida larga y saludable, educación y nivel de vida digno. Este patrimonio no es el resultado de un hecho automático que pueda gestarse de la noche a la mañana, sino que es el trabajo iniciado por generaciones precedentes que nos lo han heredado. De ahí el deber de cuidarlo, mejorarlo y entregarlo con la misma responsabilidad con la cual se nos encomendó.
Aunque parecen conquistas sencillas porque nos hemos habituado a ellas, no debemos perder de vista que son producto del esfuerzo de todos y todas las costarricenses, incluso de aquellos y aquellas que ya no están a nuestro lado.
Se celebran 196 años de vida independiente y jamás debe alejarse de nuestra memoria lo que significa celebrar esta fecha tan preciada. Vivir en este país se convierte en una gran responsabilidad, pues no podemos descuidar nuestras conquistas ni debemos soslayar los errores cometidos por pueblos hermanos. Tenemos ejemplos claros de que las democracias también pueden socavarse, la libertad del pueblo coartarse y que todo lo que hoy damos por sentado, puede desvanecerse sin que lo notemos, simplemente por la indolencia del “hombre sin memoria” o su ingratitud.
Al celebrar la independencia recordamos que, como pueblo libre, debemos ser responsables de corregir lo que está mal. Todo derecho refleja o provoca, también obligaciones. Estas deben tutelarse sin pereza, mediocridad, o animados por la búsqueda de caminos fáciles. Nuestra idiosincrasia se teje en las manos del agricultor que siembra su tierra para obtener los frutos a través de su sudor, del hombre y la mujer que se levantan temprano para llegar a su trabajo, del costarricense que no toma el camino fácil y que no busca sillas en donde descansar. Conservar estos valores y enseñarlos a nuestras hijas e hijos, a todos nuestros seres amados, es la mejor muestra del respeto que tenemos hacia la vida independiente que hoy disfrutamos.
Qué mejor frente para edificar una mejor Costa Rica que esta noble institución en la que servimos. El Poder Judicial es un bastión indispensable de cualquier democracia y no podemos olvidar que, al hacer el trabajo con mística, honradez y responsabilidad, aunque se vuelva monótono y cotidiano, fortalecemos esta democracia, casi ya bicentenaria.
Trabajar para esta institución es hacerlo por Costa Rica, por nosotros y por las generaciones que vendrán. Celebramos la independencia con bailes, bombas y faroles; honremos a la patria fortaleciendo nuestra institución. |