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Sala IV, una válvula de escape
Editorial
La Sala
Constitucional es el mecanismo de resolución de conflictos más efectivo de la
administración de justicia y con ello la institución que vela por los derechos
humanos en el país, sin la cual el pueblo estaría a punto de estallar. Puede
sonar extremo, exagerado o simplemente ficticio, pero lo cierto es que el
trabajo de los siete magistrados de la Sala IV y sus letrados, ayudan a
desacelerar el malestar social evitando que todo explote en las calles, con
episodios de violencia como hemos podido ver ocurre en otras latitudes.
Eso de que los
ticos somos muy pacíficos, que llevamos como bandera la tolerancia y la
solidaridad no es del todo una realidad en estos días. Hay sectores que entran
en luchas de poder, provocando, insinuando e incitando a las masas a optar por
el desorden público, por los bloqueos, la obstrucción y hasta el enfrentamiento
con las autoridades.
No estamos con esto
diciendo que salir a manifestarse, protestar o hacer huelga sea un acto indebido,
jamás, pero lo cierto es que hay y habrá siempre agitadores sociales que
requieren un freno, que viven al calor de las pasiones, que les conviene el
conflicto y que por suerte en muchos casos se ven frenados por fallos de la
Sala.
Bien lo menciona la
magistrada Nancy Hernández López en una entrevista exclusiva con DIARIO EXTRA,
“hay democracias que han perdido la cabeza”, pero al menos Costa Rica sigue
velando por el cumplimiento de los derechos constitucionales, asunto que
estaría en alas de cucarachas de no ser por la intervención de la Sala.
Hay fallos de
fallos y criterios de criterios, así como opiniones acerca del trabajo de este
tribunal máximo. Hay quienes aducen que los siete magistrados de la República
exceden sus potestades y se extralimitan en sus funciones.
Eso es entendible
cuando hay sectores poderosos política y económicamente que se han visto
afectados por sentencias en temas cruciales. Un ejemplo de ello, lo sucedido
con el magistrado Cruz hace más de 3 años y el intento de la Asamblea
Legislativa por “derrocarlo”, aduciendo que se desmarcaba del gobierno y de los
grupos políticos. Pero en buena hora un supremo juez tiene esa independencia,
pues de lo contrario estaríamos fregados.
Y que pesar pues
para nadie es un secreto que muchas instituciones de gobierno, del Estado les
fallan a los ciudadanos y es por eso que la única vía por la que buscan
respuestas es la Sala y es cierto también que los magistrados están al tope
pues no dan abasto con tanto reclamo.
La pregunta del
millón, ¿qué pasaría si la Sala IV no resolviera cada caso por el acuden los
ciudadanos?
Bueno, los efectos
de la inoperancia del Estado son garrafales, el país y sus instituciones han
mostrado sus debilidades a lo largo de los años y poco hacen por mejorar.
La Caja y su crisis
humanitaria, el aparato administrativo en su mayoría la tiene en pedazos, o el
MOPT que es un monstruo y en su inejecución ha tenido paralizado por años Costa
Rica. Además, se suman temas como las violaciones a la libertad de expresión,
prensa y acceso a la información. Es en estos casos en que la Sala pone los
puntos sobre las íes para bien de unos o mal de otros.
No decimos tampoco
con esto que sea infalible, no, la Sala Constitucional debe modernizarse,
mejorar como toda entidad, revisar y evaluarse a casi 30 años de su creación,
pero jamás debe desviarse de su lucha por los sectores más desposeídos,
discriminados y marginados del país.
Aún falta trabajo y
jurisprudencia en el tema de afrodescendencia,
discapacidad, poblaciones indígenas y diversidad sexual, pero estamos seguros
que con el tiempo veremos fallos históricos en estas materias.
El camino de la
Sala es sencillo, pero en medio de la efervescencia social que vivimos es la
válvula de escape y con sus defectos y virtudes debemos resguardarla, pues
representa hoy el mecanismo más auténtico para llevar a cabo la defensa de los
derechos y las libertades de los costarricenses.