Para el lanzamiento de una iniciativa oficial en contra de la violencia de género, la organización tuvo la generosidad de invitarme. El acto fue cívico, motivante, expectante, y la presentación del señor magistrado, don Fernando Cruz Castro, tejió ideas y conceptos que seguramente muchos idealizamos, pero él encontró las palabras precisas para trocar los conceptos en realidades y expectativas.
Dijo así el magistrado Cruz Castro, en un importante fragmento de su disertación:
“Los derechos de las mujeres, la calidad de la democracia y el estado social. A propósito de un observatorio.
La evolución de los derechos de las mujeres incide, sin la menor duda, en la calidad de la democracia. La visión social es la perspectiva más rica para visualizar el tema de la igualdad entre hombres y mujeres. Para alcanzar el reconocimiento de la desigualdad y lograr un cambio en la acción política se requiere una acción colectiva, como ha ocurrido con otras luchas sociales, que todavía no han terminado.
No hay duda que la reducción de las discriminaciones en materia de género, si bien puede provocar un impacto al iluminar la desigualdad, al identificarla, planteando una solución transitoria, ese autoexamen, quizás traumático, desemboca, finalmente, en una convivencia más justa, reduciendo espacios de injusticia, o peor, espacios invisibles a la justicia, a la equidad y la igualdad. Una visión estrictamente individualista, anti-estatista, no es el mejor entorno para lograr la equidad de género.
Un observatorio es un instrumento para visibilizar lo invisible, parece obvio, pero aunque lo sea, tantas veces lo que es obvio permanece invisible. Un observatorio para iluminar la realidad y vencer los mitos, los prejuicios y las visiones que parecen inmutables y no son más que construcciones que ignoran la realidad. Un observatorio para observar una realidad que se acostumbra a las discriminaciones de todo tipo, la pobreza, la desigualdad por razones de género. Las acciones estrictamente individuales no cambian la estructura de la desigualdad, se requieren instrumentos como la discriminación positiva. La acción afirmativa, es la llave de bóveda para la construcción de una sociedad más democrática, asumiendo, desde un observatorio agudo y contestatario, las desigualdades, que si no se identifican, que si no conmueven, convierten la igualdad en una fuente de inequidad y asimetría”.
Esa parte del introito del magistrado Cruz Castro me hizo virar mi atención a nuestra realidad diaria, de un país que quiere y merece más en todos los ámbitos, y también en ese segmento de los derechos humanos y respeto asegurado de género.
En un país en vías de desarrollo no pueden darse cifras tan alarmantes, de una mujer lesionada severamente o fallecida cada dos horas.
De tanto repetirse el hecho periodístico de encontrar un cadáver en descomposición, o la inclemente tasa de atención de mujeres que tuvieron la suerte de no perder la vida, aun manteniendo graves secuelas físicas y psicológicas, la agresión deja de ser noticia para convertirse en una especie de estadística rutinaria.
La agresión proviene del varón, que creció en familias con pocos valores hacia el género femenino, pues se creía en Costa Rica que las mujeres no ayudaban en la producción en las parcelas familiares. Eran vistas como gallinas reproductoras y fue tan incesante esa aculturación infame que las mujeres terminaron en creerse el cuento de que eran inferiores.
A los dos géneros, el masculino y el femenino, nos acechan la ausencia de educación familiar, académica y de nuestra exposición a las técnicas de mercadeo, que ahora encontraron un nuevo uso para el objeto mujer: promover el consumo de cualquier producto, estampando su silueta, su cara falsamente europea, para vender hasta aceites para carro, con la doctrina publicitaria de que, si es mujer, sinuosa y de ojos claros, la mercancía tendrá éxito en el mercado. Parte de esa mercancía que se vende, vergonzosamente, es la misma mujer.
Bendita la diferencia entre hombre y mujer, y alabado sea el respeto entre los seres de la creación, tan disímiles como grandiosos.
Ante el avance de la agresión machista algo había que hacer. Lo tenía que hacer el Poder Judicial, y una idea y realidad tan señera solo tuvo una breve gestación de dos años. Ese lapso, en la Administración Pública, es solo un quinto de lo que lleva ya el arreglo del puente de la platina, pero con evidentes y funestos malos resultados.
El Consejo Superior del Poder Judicial promovió la idea de crear un Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres y Acceso a la Justicia, hace apenas dos años, el 26 de marzo de 2014.
El 8 de marzo de este año, con pompa y frugalidad, se hizo el lanzamiento hacia la sociedad costarricense de ese centro de formación, de información, asesoría y creatividad, para que toda mujer de cualquier edad y condición social accese a la información de su importancia cívica y nacional, pues constituye más de la mitad del capital humano de nuestra querida patria. El servicio, información y asesoría se brinda desde las redes sociales en Facebook/observatoriodegenerocr, en la página www.poder-judicial.go.cr/observatoriodegenero, el e-mail obsgenero@poder-judicial.go.cr, y los teléfonos 2295-3059 y 2295-4707.
Todo lo que la mujer requiere saber sobre su entidad femenina, sus derechos, su valía, los medios directos o indirectos que pretenden disminuir su autoestima, los riesgos o realidades de ser tratada como inferior en cualquier campo, familiar, conyugal, estudiantil, laboral, de usuaria, de madre, esposa, empleada o empresaria, toda esa galaxia de dudas que se pueda presentar, y requieren de respuesta y aclaración urgente, la encontrará en esta invaluable y casi única organización pública y generosa, además de gratuita, que la enriquecerá y le garantizará una mejor vida, como la que el destino le preparó como mujer.
| Viernes 22 Abril, 2016