| El suicidio digital | ||
No tenemos control sobre lo que pasa con la información que publicamos en las redes sociales. Pensar en ellas como herramienta de mensajería en lugar de plataforma pública puede servirnos de cuerda para nuestro propio cuello. |
||
César González Granados Hay un problema con las redes sociales. La idea que venden al usuario no es en realidad lo que el usuario obtiene de ellas. Ya lo hemos explicado antes por este medio , pero nunca estará de mas el reiterar: Las redes sociales son plataformas de internet que recolectan los datos del usuario, su entorno, sus amistades e intereses con el fin de monetizar esa información, y ofrecerle al usuario publicidad y productos a los cuales les sea muy difícil resistirse. Claro, cuando usted está explorando si abrir una cuenta o no, la idea que le venden es otra: que todo el mundo está usando la red social X, y que usted podrá entrar en contacto con cientos de amigos a los que les ha perdido la pista hace mucho. Esto no es una mentira: sucede. Pero lo que no le dicen es que la información que usted sube a redes sociales deja de ser suya. Existen reglas de privacidad, pero pueden ser cambiadas en cualquier momento por la empresa, y eso no garantiza que su información no se vuelva de dominio público. Es decir: ninguna red social es un servicio de mensajería. Todas las herramientas que le ofrecen las redes sociales para “cerrar criterios” y darle control a usted sobre quienes pueden ver sus posteos son muy tiernas. Puede que le transmitan a usted una gran tranquilidad, pero escuche: basta que una persona capture su posteo para que alguien más pueda compartirlo públicamente, sin ninguna restricción. Todas las semanas descubro algún artículo de alguien que confundió redes sociales con mensajería: alguien perdió un trabajo por quejarse de él en redes sociales. Alguien fue despedido por emitir criterios racistas o machistas en redes. Un funcionario público fue sancionado por compartir fotografías comprometedoras de su última fiesta con borrachera incluída. Alguien anuló una sentencia, sufrió un accidente de tránsito o fue amonestado por estar utilizando su dispositivo móvil para postear en redes mientras trabajaba. Alguien expresó criterios contrarios a una religión en particular, a pesar de ser un jerarca importante de una oficina pública. Las redes sociales hacen que cualquiera pueda sentirse poderoso. Venden la falsa idea de importancia, de relevancia en la medida en la que nuestras publicaciones son compartidas. Le dan un megáfono a cualquier persona sin que necesariamente estas personas sepan manejarlo. Sea usted un funcionario público o una persona particular, recuerde: todo lo que usted postee en redes deja de ser suyo. Hay una diferencia entre emitir una opinión y calumniar o injuriar a alguien a través de redes sociales, y eso es un delito tipificado. Pero sobre todo: si usted comparte su vida privada en redes sociales, esta deja automáticamente de ser privada, y usted asumirá las consecuencias de ello. |
Lic. Eduardo Castellón Ruiz
Lic. Sergio Bonilla Bastos
Licda. Andrea Marín Mena
Licda. Teresita Arana Cabalceta
Licda. Melania Chacón Chaves
Licda. Sandra Castro Mora
Lic. César González Granados
Licda. Mónica Chavarría Bianchini
Montaje: Licda. Karen Quirós Fumero
Diseño Gráfico: Iván Pacheco León
Poder Judicial de la República de Costa Rica, ® Derechos Reservados 2015