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Opini—n

 

Domingo 20 de mayo de 2012

 

El malestar con la justicia

La mayor’a de nuestros indicadores judiciales y en confianza son de clase mundial

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Dr. Luis Paulino Mora Presidente Corte Suprema 12:00 a.m. 20/05/2012

En AmŽrica Latina, los poderes judiciales han descendido en sus niveles de confianza. Puede decirse que la media latinoamericana no supera el 40%. De ese fen—meno no escapan otras cortes de pa’ses desarrollados, como es el caso de la de los Estados Unidos, que recientemente alcanz— su nivel m‡s bajo (52%) en los œltimos 25 a–os, segœn reporta el Huffington Post.

En AmŽrica Latina, los poderes judiciales han descendido en sus niveles de confianza. Puede decirse que la media latinoamericana no supera el 40%. De ese fen—meno no escapan otras cortes de pa’ses desarrollados, como es el caso de la de los Estados Unidos, que recientemente alcanz— su nivel m‡s bajo (52%) en los œltimos 25 a–os, segœn reporta el Huffington Post.

En nuestro pa’s, una encuesta reciente nos ubica con un nivel de confianza del 59,7%, y el mismo mes recibimos la grata noticia de que el Centro de Estudios de Justicia para las AmŽricas (CEJA) nos califica como el pa’s con mayor transparencia y acceso de informaci—n relevante del continente en su web, para efectos de control ciudadano. Ambos indicadores, demuestran que si bien el Poder Judicial costarricense tiene enormes retos que superar, tambiŽn ha sabido invertir en pol’ticas de largo plazo que nos distinguen a nivel Iberoamericano. A esos logros podemos sumar los indicadores en accesibilidad e independencia judicial que tambiŽn son de clase mundial. ÀSirve esto para negar que existe un malestar con la justicia? Indudablemente no. Simplemente se trata de poner las cosas en perspectiva.

ÀQuŽ pasa? ÀPor quŽ unos indicadores andan bien y otros no tanto? El tema es complejo de tratar en pocas l’neas, pero podr’a empezar por se–alar que, en general, el descontento que existe contra la justicia –y que alcanza niveles globales–, se inserta en el fen—meno de descontento general contra la democracia como sistema capaz de garantizar niveles de bienestar b‡sicos a la gran mayor’a de personas en una sociedad. La ciudadan’a tiene un malestar evidente contra la clase pol’tica, y esa cobija alcanza a los poderes judiciales que tienen cada vez m‡s presencia y poder.

La judicializaci—n de la pol’tica, la excesiva criminalizaci—n, el aumento en los niveles de violencia social en los œltimos a–os, entre otros, son temas que han impactado profundamente los sistemas de justicia, que estaban preparados para crecer a un ritmo normal y han tenido que enfrentar a corto plazo un aumento desmesurado en la demanda de servicios, b‡sicamente con la misma estructura y recursos.

Lo mismo sucede con el resto de la estructura del Estado impactada por las disfuncionalidades de nuestra sociedad con limitaciones materiales para atender la avalancha de demandas ciudadanas y de generar espacios de mayor participaci—n y representaci—n; esos incumplimientos se traducen en malestar, y este termina –en gran porcentaje– en litigios de quienes procuran demandar al estado social de derecho, lo que no fue capaz de proveerles por medio de sus instituciones de servicio.

Remedio de primera l’nea. As’, lo que en las democracias era el œltimo recurso (las Cortes) se han convertido en remedio de primera l’nea para las demandas sociales. Basta ver las sentencias de los tribunales para darse cuenta que las cortes est‡n impactando ‡reas que tradicionalmente eran de Gobierno, en ellas se conceden aceras, puentes, medicinas, se quitan y dan cargos pœblicos, se anulan multas, en fin, los tribunales se han convertido en actores pol’ticos de las democracias. Algunos llaman a este fen—meno Ògobierno de los juecesÓ, unos opinan a favor o en contra de tal protagonismo, otros lo consideran una evoluci—n de las democracias modernas, lo cierto es que la ciudadan’a se acostumbra, cada vez con mayor frecuencia, a litigar sus demandas sociales y a esperar que las cortes se traduzcan en la cara visible del fallido estado benefactor.

La demanda masiva de servicios judiciales como alternativa al debilitamiento del Estado benefactor es perversa ya que el estado no tiene los recursos para materializar sus consignas, pero su estructura legal –que concede derechos a diestro y siniestro–, est‡ intacta. Ergo, la clase pol’tica dio derechos que la estructura econ—mica no puede satisfacer en la actualidad y ello se traduce en litigios que integran un c’rculo vicioso entre tribunales y gobierno. Este modelo es insostenible a largo plazo, ya que la materializaci—n de la Constituci—n en la vida diaria de los ciudadanos no puede recaer en exclusiva en los jueces y tiene sumidos a ambos poderes en un desgaste y enfrentamiento permanente. Imposible quedarles bien a todos los sectores sociales por medio de expedientes, ni menos construir pol’ticas pœblicas en ellos en ausencia de toma de decisiones.

Sacrificio del funcionario. Al igual que el resto del Estado costarricense, nos hemos dedicado a administrar la crisis de la mejor forma que nuestros recursos y capacidad humana permiten. Pero, con indicadores de aumento en la violencia social de m‡s del 250%, y con expectativas de crecimiento en los ingresos que no pasan del 9% –en el escenario m‡s positivo– no es f‡cil para la administraci—n de justicia cumplir las expectativas y demandas ciudadanas. El equilibrio que se ha logrado mantener –a duras penas– ha sido gracias al nivel de sacrificio del funcionariado que ha tenido que trabajar m‡s con lo mismo y a veces con menos.

En la actualidad esta crisis de aumento en la violencia nos limita para invertir en las materias de interŽs social, que es una de las ‡reas que mayor atenci—n requieren y obliga a destinar m‡s del 50% del presupuesto a la materia penal y, aun con ello, en esta materia tambiŽn nos quedamos cortos frente a la realidad. Pero, a pesar de la crisis, no hemos dejado de tener una visi—n de largo plazo y de invertir en el fortalecimiento de los indicadores de una justicia democr‡tica, de all’ los buenos reconocimientos que organizaciones internacionales nos hacen, que adem‡s repercuten positivamente en la evaluaci—n que hacen los inversionista a la hora de determinar la seguridad jur’dica de un pa’s.

Finalmente quisiera se–alar que son miles de sentencias las que se dictan a diario en los tribunales de cualquier pa’s y es normal que en ellas haya polŽmica as’ como margen de error. No conozco sistema de justicia que no lo tenga. Lo que s’ es importante es que la sociedad haga de ella un balance integral y no solo como parte del ‡mbito medi‡tico.