OPINIîN
VIERNES 27 DE ENERO DEL 2012
La experiencia cuenta
La œnica fuerza que nos mantiene trabajando
es nuestro compromiso con la justicia
Luis Paulino Mora MoraPresidente de la
Corte Suprema de Justicia12:00 a.m.27/01/2012
Con ocasi—n de los numerosos reportajes que
con gran despliegue ha cubierto ese diario sobre el fondo de jubilaciones, se
ha abierto la posibilidad de escuchar diversidad de perspectivas y evaluarlas
con el fin de mejorar el trabajo de este poder de la Repœblica. Se informa de
que Ò14 magistrados con pensi—n aprobada se resisten a irseÓ. Sin embargo,
llama la atenci—n que se califique ese hecho como impropio o – peor aœn
– perjudicial para el pa’s.
Resistencia, implica que existe una fuerza
que nos obliga a irnos y nos oponemos. Pero, por el contrario, la œnica fuerza
que mantiene a la mayor’a de magistrados de la Corte a quedarse a trabajar,
pudiendo estar en bufetes particulares o descansando en su casa –yo
incluido– es precisamente nuestro compromiso con la justicia
costarricense.
Mayor estabilidad y seguridad. Costa Rica tiene sin duda muchos distintivos, pero no parec’a –hasta
ahora– que el desprecio por la experiencia fuera una de ellas. En el
mundo encontramos sociedades desarrolladas y de tradiciones milenarias en las
que la experiencia y la edad son valoradas como un tesoro nacional como son
China o Jap—n, para solo citar dos. Pero ello no solo ocurre en Asia, sino que
el respeto a la experiencia y las ÒcanasÓ es tambiŽn una constante de
sociedades europeas, especialmente en puestos de gran responsabilidad. El caso
de los jueces y en particular de los de mayor rango ÒmagistradosÓ, no es la
excepci—n, porque, se trata el derecho de una materia tŽcnica y la
administraci—n de justicia de una, adem‡s, que requiere destrezas espec’ficas.
Entre mayor es la experiencia de los jueces, mayor seguridad tendr‡ la sociedad
de que las decisiones ser‡n ponderadas y estables y mayor la seguridad de que
sobra experiencia y capacidad para llevar las presiones del cargo que son
muchas.
Claro que no existe garant’a de que las
decisiones de los jueces siempre ser‡n perfectas o infalibles, pero s’ existe
una relaci—n proporcional entre la experiencia y el margen de error de tal
forma que, a mayor experiencia, menor tiende a ser el error. Por ese motivo se
propicia la carrera judicial en los Poderes Judiciales, que procura generar
estabilidad e independencia en los jueces, as’ como que los jueces entre mayor
la experiencia sea, vayan escalando puestos en la judicatura. En otros oficios,
como la medicina y la aviaci—n, por ejemplo, tambiŽn es ampliamente valorada la
experiencia, e incluso en disciplinas como la period’stica tambiŽn es apreciada
y resulta una garant’a para el cuidadoso y mesurado papel que corresponde a la
prensa en una democracia.
Esta es una pol’tica comœn en los Poderes
Judiciales de pa’ses desarrollados, como la Corte Suprema de los Estados Unidos
que dispone la estabilidad vitalicia de sus magistrados, quienes, con pocas
excepciones, tienen edades superiores a los 60 a–os y permanecen, normalmente,
durante m‡s de dos dŽcadas en sus puestos. A manera de ejemplo, la magistrada
Sandra Day O«Connor, la primera mujer magistrada de la Corte Suprema, ejerci—
su cargo durante 24 a–os y se retir— a los 75 a–os. Stephen Breyer, aœn en el
cargo, tiene 74 a–os y 18 a–os en el cargo. La carrera judicial y el rŽgimen de
pensiones son dos caras de una misma moneda cuando de estabilidad e
independencia se trata.
Pero, adem‡s, en el caso de nuestro pa’s,
encontramos argumentos de mayor consideraci—n a favor de la necesidad de su
permanencia durante largos per’odos en la magistratura, que no se relacionan
con su funci—n tŽcnica de jueces de casaci—n o en el caso de los de la Sala
Constitucional de su Magistratura Constitucional, sino que tiene que ver con su
funci—n de gobierno judicial, encargada as’ por el constituyente de tal forma
que los magistrados tienen un doble rol y carga de responsabilidad, la de
jueces y la de gobierno propiamente dicha.
Solvencia del fondo de pensiones. Si la preocupaci—n es la Òsanidad del fondo de pensionesÓ, est‡ claro que
el fondo de pensiones del Poder Judicial, constituido desde 1937, se ha
manejado siempre con responsabilidad y, segœn han reconocido las propias
autoridades, tiene garantizada su solvencia por lo menos hasta el a–o 2045,
entre otras razones porque los aportes de los empleados judiciales son mayores
con respecto a otros reg’menes.
Lo anterior no significa que no haya que
hacerle ajustes, como es normal en todo fondo de pensiones, pero sin motivo de
alarma, en palabras del propio superintendente de Pensiones, quien ha se–alado
pœblicamente que este tiene solidez, no a 30 a–os plazo como est‡ ahora, sino
m‡s all‡, y as’ ser‡ sin duda una vez que la Corte reciba el nuevo estudio
actuarial solicitado en diciembre pasado. Pero si esa fuera la preocupaci—n,
una larga permanencia en el cargo es altamente beneficiosa tambiŽn para
cualquier rŽgimen de pensiones y el del Poder Judicial no es la excepci—n. M‡s
magistrados activos significan m‡s salud para el rŽgimen por m‡s tiempo, y una
mayor edad de retiro como la que se informa es nada menos que la tendencia
mundial para dar solidez a los sistemas de pensi—n alrededor del mundo.
Por otra parte, la opini—n pœblica y la
academia coinciden en que nuestro pa’s ha perdido su capacidad para concebir y
llevar adelante procesos de largo plazo, que hemos ca’do en la miop’a del
ÒcortoplasismoÓ en el ‡mbito pœblico y por ello parece sumamente desconcertante
que ahora se se–ale al Poder Judicial por tener Žxito y sostener uno de los
pocos proyectos de este tipo que –pr‡cticamente– le resta a este
pa’s, con visi—n de largo plazo, impulsado por magistrados y magistradas de
gran capacidad y val’a.
La conversi—n paulatina de la escritura en
oralidad (luego de casi dos siglos de escritura), la inversi—n tecnol—gica, la
renovaci—n de c—digos procesales, de introducci—n de procesos de medici—n de la
calidad y participaci—n ciudadana, son procesos que, entre muchos otros, se
est‡n llevando a cabo con visi—n de futuro y son ampliamente reconocidos a
nivel iberoamericano. Es una l‡stima que una prensa calificada y responsable,
no tenga la capacidad de valorar la importancia de una pol’tica pœblica de la
justicia como tal y su relaci—n con el desarrollo del pa’s, centr‡ndose en
atender los aspectos de interŽs medi‡tico del momento, sin hacer un balance
integral de los temas que trata.
El hecho de encontrarnos al d’a de hoy con
una Corte Plena con la experiencia, preparaci—n y la independencia de la que se
informa en el art’culo, deber’a m‡s bien llenarnos de orgullo y tranquilidad
como naci—n.
DespuŽs de todo, nada menos que las
libertades pœblicas y el Estado de derecho dependen del Poder Judicial, y un
sistema de justicia dŽbil solo ha servido para mirar al otro lado cuando se
trata de luchar contra los abusos del poder. La historia est‡ llena de
ejemplos.