EDITORIAL
NI “MI REINA”, NI “MI AMOR”, ESO ES ACOSO SEXUAL

San José, Costa Rica, Lunes 29 de agosto de 2011

La decisión de la Sala Segunda de la Corte Suprema de Justicia de despedir al jefe de Reclutamiento y Selección de Personal del Patronato Nacional de la Infancia, tras ser acusado de hostigamiento sexual, sienta un precedente muy importante en materia laboral.

Los magistrados avalaron el despido del funcionario, quien al parecer se pasó de listo y galán durante una entrevista de trabajo hace siete años, cuando una joven que concursaba por un puesto en la entidad tuvo que aguantarse las frases melosas y pasadas de tono del burócrata, quien además era un completo desconocido.

Peor aún, el hombre le tocó la cara y le piropeó los camanances, acompañado de frases como “cariñito” y “mi amor”, situación que está de más decir fue abusiva y humillante, como declara el supremo tribunal, pero que además pone en entredicho las capacidades de la postulante, quien lo único que deseaba era una oportunidad laboral.

Con esta sentencia quedó claro que los piropos, por más bonitos que sean, es mejor reservárselos y nunca usarlos en asuntos laborales, menos para tratar de obtener beneficios de alguna índole o bien convertirlos en sujeciones o condicionantes.

Ya era hora de que la Ley de Hostigamiento Sexual reviviera, pues en muchas entidades estatales y empresas privadas es solo un papel más versus las acciones abusivas de jefes y encargados.

Una persona, indistintamente de si es mujer u hombre, no tiene por qué soportar ataques de este tipo en su lugar de trabajo o centro de estudios, es hora de ejecutar las normativas legales y ponerles un alto a los acosadores.

Nadie debe ser víctima de estos eventos intimidatorios y tampoco estar sometido a los comentarios pasados de tono de superiores y compañeros de trabajo. Las víctimas tienen que denunciar estos hechos y sin ningún temor acudir a las instancias respectivas.

El problema en muchas de las ocasiones radica en el miedo o vergüenza de los afectados de tener que explicar ante terceros lo sucedido, y más que eso en el temor a las represalias con un asunto tan serio como es el sustento familiar.

Tal vez sea fácil decirlo pero es difícil hacerlo. Hay que denunciar, no importa rango o investidura, los acosadores sexuales tienen que encontrar un freno, pues de lo contrario habrá una seguidilla de víctimas y el ambiente laboral se tornará más tortuoso de lo que ya es.

Las instituciones de gobierno y empresas de capital privado tienen la obligatoriedad de velar por el cumplimiento de la legislación y si está a su alcance sería una excelente opción conformar comisiones de género para poder abordar esta problemática, de acuerdo con las denuncias públicas, que van en aumento.

Los grupos o comisiones tendrían como misión atender de forma imparcial a las víctimas y ofrecerles opciones confiables para tratar el problema, darles seguridad jurídica y laboral. Es un esfuerzo que a corto, mediano y largo plazos beneficiará a las organizaciones y sus colaboradores.

Cero tolerancia al hostigamiento sexual. Nada de “mi amor”, “mi reina”, “preciosa”, “cariñito” y otras zalamerías. Se acabaron los excesos de miel.

Licda. María Isabel Hernández Guzmán
Lic. Sergio Bonilla Bastos
Licda. Andrea Marín Mena
Licda. Teresita Arana Cabalceta
Licda. Marcela Fernández Chinchilla
Licda. Melania Chacón Chaves
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