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Debilitar al Poder Judicial para que avance el autoritarismo: la estrategia antidemocrática que se propaga por América Latina

 Por Vinicio Chacón Soto | vinicio.chacon@ucr.ac.cr

 8 octubre, 2025

México, Ecuador, Perú, Guatemala y El Salvador son países donde se ha puesto en marcha un camino marcado en Costa Rica por el chavismo, aprovechando las propias falencias del Poder Judicial.

En la medida en que se debilita el trabajo de la judicatura y del Poder Judicial, se debilita el sistema de pesos y contrapesos y, por ende, avanzan los modelos de autoritarismo político.

Tal es el criterio en que coinciden varias voces expertas de diversos países de América Latina al analizar la situación que atraviesan.

Sobran los ejemplos de cómo el dictador salvadoreño Nayib Bukele, a partir de su control del congreso, sustituyó a las magistraturas del tribunal constitucional, para luego decretar estado de excepción. También del acaparamiento que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo hizo del Poder Judicial, una vez que purgaron a la Corte Suprema y se determinó que la autoridad policial tiene la última palabra en la ejecución de órdenes judiciales como allanamientos.

Sin embargo, de seguido se ofrecen casos no tan conocidos, pero no menos graves, de cómo el debilitamiento del Poder Judicial es aprovechado para un avance de cuadros de poder antidemocrático.

México: acaparamiento del poder

En junio se llevó a cabo el primer proceso mediante el cual se eligió por voto popular a la mitad de la judicatura del país y se cambió a la totalidad de las magistraturas de la Corte Suprema menos tres, “que eran muy identificados con el oficialismo” según relata Juana Fuentes Velázquez.

La jueza federal de la Ciudad de México y directora nacional de la Asociación de Magistrados y Jueces Federales (Jufeta) recordó que la mitad restante de jueces y juezas deberá elegirse en 2027 y expresó que la elección ha representado, en primer lugar, “un retraso en la impartición de justicia”, pues muchas de las personas electas no cuentan con experiencia ni conocimiento necesario.

Pero de mayor preocupación es el hecho de que, según explica, la escasa participación de 10,7% fue compuesta por “gente que totalmente comulga con el oficialismo, que fueron instruidos para ir y votar” o población de la la tercera edad cuyos pagos de la pensión “fueron condicionados”, si no iban a votar. Es decir, mediante el proceso electoral se logró la colocación de jueces y juezas afines al poder político oficialista.

A ello se suma el control del Poder Legislativo y de las gobernaciones en 28 de los 32 estados de la República Federal. “Ya no hay pesos y contrapesos, porque se está volviendo un momento de polarización y el que se atreve a decir que no está de acuerdo, lo estigmatizan como de oposición, como traidor, como retractor, y entonces ya no hay voz, hay mucho miedo en la sociedad, mucho miedo. Entonces ya no hay esa posibilidad de que haya voces que se que se escuchen y que cuestionen lo que está haciendo el gobierno”.

Guatemala: rumor de golpe de Estado

Este país se apresta para entrar en un periodo bastante complicado, pues “hay unas pugnas muy fuertes, muy poderosas en Guatemala por la elección de la Corte de Constitucionalidad, que es en enero del próximo año, la elección de Fiscal General, que es en marzo del próximo año, y después viene el Tribunal Supremo Electoral”, según detalló el juez Miguel Ángel Galvez, quien llevó el caso La Línea (que implicó al entonces presidente Otto Pérez Molina en una red de corrupción y contrabando) y hoy se encuentra en el exilio.

Ya en junio de este año, la comunicadora guatemalteca Quimy De León, fundadora de Prensa Comunitaria, explicó en UNIVERSIDAD que el Ministerio Público se convirtió en “la herramienta más importante”, del llamado pacto de corruptos, un “entramado dominante de grupos de oligarcas, empresarios tradicionales, narcotraficantes, funcionarios que se han enriquecido ilícitamente a través del Estado y grupos pro militares”.

Detalló que se trata de “la amenaza de la persecución penal y la cárcel. Desde más o menos 2011, son miles de personas que tienen persecución penal política en Guatemala, autoridades indígenas, líderes comunitarios, periodistas comunitarios, representantes de organizaciones de sociedad civil, personeros de la iglesia, jueces, fiscales, abogados, periodistas y a la fecha la propia vicepresidenta y el presidente”.

Ahora, el juez Gálvez denuncia que “el Poder Judicial, prácticamente todo lo que es el sector justicia, está tomado por las estructuras” de ese pacto de corruptos. Aseveró que no hay independencia judicial, pues la justicia “está tomada y eso es lo que permite la criminalización, la Corte Suprema, la Corte de Constitucionalidad, el Ministerio Público. Ahí es donde instrumentalizan el derecho penal”.

“Nos jugamos la vida prácticamente en Guatemala”, dijo y añadió que “se tiene que elegir uno de los fiscales más transparentes, más éticos, con mucha probidad. Si caemos en una persona similar a esta señora (Consuelo Porras, colocada por el evangélico Jimmy Morales) se va a terminar de empeorar la situación”.

Por ello, llamó a la comunidad internacional a monitorear esa elección, “porque incluso existe hasta sospechas que le den golpe de estado a Bernardo Arévalo”.

Perú: amenazas a jueces y retroceso del Estado de derecho

“Lamentablemente en mi país, como todos los países de América Latina y del Caribe, estamos atravesando momentos muy complicados para los operadores judiciales, que pese a las circunstancias de democracias débiles, donde realmente se mantiene una casta política, están siendo criminalizados”.

No deja lugar a dudas Antonia Saquicuray Sánchez, magistrada de la Segunda Sala de Apelaciones de la Corte de Lima, vicepresidenta de la Asociación de Jueces para la Justicia y Democracia y vicepresidenta de la Asociación Peruana de Mujeres Juezas.

En los años 90, ella tomó la decisión de no aplicar una Ley de Amnistía en favor del entonces dictador Alberto Fujimori, una decisión en que la Corte Interamericana de Derechos Humanos le dio la razón.

Explicó que en los ataques que sufre la judicatura “se habla de la politización de la justicia, porque iniciamos investigaciones a los políticos, a los congresistas, a los empresarios”. De 130 congresistas, 52 enfrentan investigaciones de carácter penal por actos de supuesta corrupción, “entonces ellos se están dando leyes con nombre propio”.  Añadió que “nos han dado como más de 22 leyes que retroceden la lucha contra la corrupción y crimen organizado”, pues incluyen medidas como resucitar la prescripción de los delitos corrupción y de violación de los derechos humanos, además de eliminar la extinción de dominio.

Como un zombi, se promulgó una segunda Ley de Amnistía y algunos jueces se han negado a aplicarla, pues es el mismo escenario que valoró la Corte Interamericana de Derechos Humanos (IDH), “eso ha dado lugar a que congresistas, hasta la misma presidenta de la República, la señora (Dina) Boluarte, haya salido a criticar, amenazar a los jueces”.

“Volvemos a retroceder a los años 90, a la peor época de la dictadura civil-militar. Entonces, de ahí la importancia de una justicia independiente, imparcial, que es el principal soporte de un Estado de derecho”, señaló.

Ecuador: la represión desde Miami

Úrsula Indacochea, directora del Programa de Independencia Judicial de la Fundación para el Debido Proceso (DPLF), explicó como el presidente Daniel Noboa, oriundo de Miami, “lidera un ataque contra la Corte Constitucional”, de manera activa, incluso movilizando gente en manifestaciones (ver entrevista).

En su discurso político, el mandatario estadounidense-ecuatoriano responsabiliza a los jueces por las víctimas de la delincuencia organizada.

Su intención de fondo: promulgar una nueva Constitución, eso sí, sin cumplir con los requisitos y controles que para ello establece la vigente.

Noboa recién declaró estado de excepción, ante las masivas manifestaciones convocadas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) contra su gobierno, con demandas como bajar el impuesto al valor agregado u “hospitales sin medicinas ni atención adecuada”.